Fue uno de los inventos más sonados de las fiestas de San Roque del año pasado. Inexplicablemente, el club de los Superroquiños se pasó otoño, primavera e invierno durmiendo el sueño de los justos cuando, en realidad, es una de las propuestas con mayor campo de desarrollo a lo largo de todo el año de cuantas el Concello de Vilagarcía ha emprendido en materia infantil. Ayer, superadas las lluvias del lunes y el martes, los Roquiños tomaron el parque de Miguel Hernández, con Martazul como maestra de ceremonias y el personal de Xuventude currando lo suyo. Nada menos que 120 chavales se apuntaron el primer día. Está claro, ¿no? La siega del trigo, a la antigua, en Valga. En Cordeiro volvieron a recrear ayer una de aquellas tardes de trabajo en el campo de hace un siglo. Cuando la siembra y la siega del trigo se hacía a mano y la ayuda de un carro de vacas, y cuando la jornada laboral se convertía, además, en un día de convivencia y fiesta para toda la parroquia. Los vecinos de Valga, viejos y niños, se vistieron a la antigua usanza y se aprovisionaron de las herramientas de la época, una vez más. Ayer tocaba recoger el trigo plantado en abril: la siega. Y en septiembre se separará el grano de la paja: la malla. Para la ocasión se volvieron a reunir en la finca las pandereteiras de Moldes, el veteranísimo José Burás Otero y la concejala de Cultura, Maricarmen Castiñeiras , entre otros muchos. Ayer también se pasó el alcalde, José María Bello Maneiro , que se atrevió con los monllos . Para merendar hubo chorizos, queso, panderetas de sardinas, pan y vino. La tradición, sin duda con el mejor sabor.