Bruno Lomas, Los Diablos, Antonio Molina, Los 3 Sudamericanos, Antonio Machín, Manolo Escobar... El maletín de José Ramón Rojo contiene una excéntrica mezcla musical, un extraño tesoro de piezas únicas, anacrónicas, que este hombre lleva más de veinte años moviendo por media Galicia. En realidad, hoy en día, incluso en los tiempos de la música compartida en Internet, debe de ser poco menos que imposible encontrar una grabación de Bruno Lomas fuera de este maletín que nutre los aparadores plantados en bares de pueblo y gasolineras donde Ana Kiro, Camela y otros superventas asentaron los sólidos pilares de su carrera comercial.
«Ahora no se vende nada», dice Rojo mientras cambia Canta Hispanoamérica por El bailongo en un bar de Curtis. «Desde hace tres años, ya ni siquiera se editan casetes». Pero la coyuntura no amilana a este hombre que se mueve con su fondo musical desde Ortigueira a Padrón variando la oferta de sus expositores a ver si aún queda algún nostálgico y se lleva una cinta por 2,40 euros. «Si sobrevivo es por los cedés», explica José Ramón, a quien se le encienden los ojos cuando recuerda los buenos tiempos: «El gran éxito de este negocio fue El baile de los pajaritos, ¿se acuerda? El de María Jesús y su acordeón. Y los chistes de Tejero».
-¿No le quedará una cinta de esas de Tejero?
-No. Se agotaron todas.
Rojo se abastece de material en una tienda de A Coruña -«es de mi cuñado», precisa- y cada día encara una ruta que lo puede llevar a casi cualquier parte del país, menos a la provincia de Ourense. En total, unos doscientos aparadores por más de media Galicia: «Lo que mejor sale son las rumbas, las cumbias, Manolo Escobar, Camela, Raphael...», los grandes clásicos del top de gasolinera. Rojo se queja de lo caro que está el gasoil y de la competencia (en el bar hay hasta cuatro expositores de otros tantos propietarios), pero no de la piratería. Debe de ser el único del negocio que no lo hace: «Los chavales no compran música en estos aparadores. Esto es más bien cosa de gente mayor que no sabe piratear».