La banda que marcó una época en El Seijal está a punto de cumplir los cincuenta años de historia y alguno de sus primeros miembros aún participa como arreglista
09 mar 2009 . Actualizado a las 11:59 h.«Eu coñecín unha pequena que ten os ollos máis bonitos do mundo...». La canción irrumpía desde el escenario y cientos de personas bailaban bajo los acordes de Los Player's. Tocaban Calusa, uno de sus temas más populares en la década de los sesenta y setenta. Los Player's fueron los Beatles gallegos, los músicos de casa que marcaron una época en salas de fiesta como El Seijal, la carballesa de Revolta o la betanceira de Rey Brigo. Compartieron escenario con Ana Belén y Víctor Manuel, con Joan Manuel Serrat, con Miguel Ríos, con Juan Pardo y con las dos Rocíos, Jurado y Dúrcal. El nombre de Los Player's ha sobrevivido el paso de varias generaciones de músicos, y sus antiguas glorias recuerdan con nostalgia los buenos tiempos además de echar de menos a los que ya no están: O Mollo y Burgos, trompeta y saxo de extraordinaria calidad.
Uno de los cinco fundadores en octubre de 1960 fue Manuel Pardo, nacido en San Tirso de Mabegondo y afincado en Ferrol, epicentro del grupo en su gestación. Pardo vivió prácticamente tres décadas como teclista de la formación, hasta 1988. Hoy actúa con un grupo de diez miembros que acude a bodas y otras ceremonias, «pero con la crisis no hay mucha demanda». Manuel recuerda que Los Player's «nació en un galpón de Ferrol, en el Parque Municipal, donde estuvimos dos temporadas». El dueño de aquel local les exigió exclusividad a su negocio, pero ya los cinco músicos tenían ofertas para picar aquí y allí y el primer mecenas les acabó dando la espalda. «Y lo que en aquel momento nos pareció una catástrofe fue una bendición de Dios porque pudimos vivir en muchos sitios la década de los sesenta que, musicalmente, fue maravillosa», espeta Pardo, dominador del acordeón además de teclista («tuve que adaptarme a los tiempos y hacer algo de piano»).
Otra de las viejas glorias es Lino Rey, un puente entre el pasado y el presente ya que, a sus 61 años, el que fuera bajista y cantante durante un cuarto de siglo con Los Player's, sigue regalando su sabiduría musical como arreglista de los jóvenes intérpretes. Lino recuerda que no hubo pueblo en Galicia donde no actuaran Los Player's. «También nos llamaban de Asturias o León y solíamos ir una media de tres veces al año a las discotecas de Madrid y Barcelona». Eran buenos tiempos. «Se ligaba mucho, no sé qué pasaba en aquellos años que colgabas una guitarra y lo tenías todo hecho», recuerda con picardía Lino, que reside en Mugardos.
¿Hay muchas diferencias entre el grupo de entonces con el actual? «Antes queríamos y defendíamos más a la banda, pero ahora si otra orquesta te da media peseta más dejas el grupo, creo que antes sentíamos más cariño por Los Player's», señala Lino. Además de Burgos y O Mollo, Rey también recuerda a Couce Fraguela, quien sería concejal en el Ayuntamiento de Ferrol, a Serafín (trombón), y a Chupi, que desembarcó en Los Player's después de ejercer como batería de Miguel Bosé.
La historia de este grupo es también la historia de Galicia y de España. Juntos vivieron episodios como la muerte de Carrero Blanco. «Horas después del atentado teníamos que tocar en Mera y se debatió durante mucho tiempo si actuábamos o no, había un clima muy incómodo», recuerda Manuel Pardo. «Finalmente hicimos la fiesta, pero esa noche al volver a Ferrol nos encontramos con muchísimos militares en los alrededores de los cuarteles de artillería e infantería. Rodeando todo aquel despliegue llegué a casa a las cuatro de la mañana».
Manuel también destaca que no todo era gloria para los músicos que comenzaban en los años cincuenta, sino que compartían las miserias de muchas personas para las que actuaban. «Cuando íbamos a las fiestas los músicos nos repartíamos entre las casas de la gente», recuerda Pardo. «Yo llegué a caminar más de tres kilómetros entre la vivienda de acogida y el lugar de la fiesta, así ida y vuelta varias veces en el día durante media semana».
«Eran tiempos difíciles. Recuerdo llegar, con 17 años, a una casa sin divisiones, dormía en la cama situada en una esquina junto a una lareira, ponerme un plato a rebosar de una olla, descubrir que en vez de sal aquello tenía azúcar y tragármelo para no ofender a la cocinera y, en parte, porque el hambre era mucha».