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Colapso dentro y fuera del Coliseo

A CORUÑA

Tres años después de provocar el último lleno en A Coruña, Fito & Fitipaldis volvieron a enamorar al público, que soportó hasta 12 kilómetros de atascos

21 nov 2009 . Actualizado a las 14:01 h.

Lo del Coliseo con Fito & Fitipaldis es una relación de amor y fidelidad. El recinto coruñés no respira igual cuando el músico bilbaíno está lejos. Los vendedores ya tenían hace meses traspapelado el cartel de «Localidades agotadas», lo consideraban un trasto inútil porque no había hecho falta en los últimos tres años. Pero esta semana tuvieron que rescatarlo porque volvía Fito, precisamente el mismo que provocó el último lleno en el Coliseo.

Pero antes el entusiasmo del público se hizo visible en las carreteras. El acceso volvió a ser infernal. A Coruña quedó taponada desde la media tarde a través de la AP-9. A las seis de la tarde, la cola ya alcanzaba la altura de Palavea. A las siete, a hora y media para que comenzara La Cabra Mecánica, los vehículos ya se detenían en el kilómetro 6. A las ocho y media la salida de la Barcala ya estaba colapsada por los vehículos parados en la autopista, a la altura del kilómetro 12.

Después de tanto sacrificio para acceder al concierto, no quedaba menos que entregarse desde el primer momento. Cuando Fito accedió al escenario tras un fundido en negro a las diez de la noche, el público ya estaba caliente. Los más madrugadores ya llevaban más de una hora gozando de los temas de La Cabra Mecánica, que realiza su tour de despedida antes de la separación del grupo. Y los que accedieron a las diez o después, llegaban con el calentón del atasco.

Más que música, la presentación de la gira de Antes de que cuente diez se inició con un vídeo de dibujos animados de unos cinco minutos. Fue un juego divertido. Fito llegaba tarde al Coliseo y se hacía de carne y hueso en el momento en que sonaban los primeros acordes. Por su puesto, del tema de moda, el que da nombre al último disco.

A diferencia de giras anteriores, especialmente la última, Adolfo Cabrales limó protagonismo a la guitarra y enfatizó más su papel de cantante.

A medida que avanzaban las canciones, el público que se había incorporado casi sobre la bocina (o después) daba síntomas de olvidar el encierro sobre el asfalto. Fito pasa por A Coruña con menos frecuencia de la deseada y todo sacrificio es poco. Su nuevo disco sigue cargado de versos tan redondos como en Por la boca vive el pez .

Todo concierto de presentación de disco se doblega siempre a las canciones consagradas. No se conoce una actuación de Sting sin su Every breath you take . Y a Fito se le exigen muchos episodios de nostalgia. No son otros que Acabo de llegar , Al cantar y, por supuesto, Soldadito marinero , con la que concluyó antes de los bises. Fue el momento culmen de un concierto que, si decayó, fue durante algunos minutos en los que parte del público escuchaba por primera vez parte del nuevo repertorio. Pero las viejas canciones revivían a un aforo de mezcla generacional.

Nuevos músicos

A este lleno del Coliseo se incorporaron nuevos músicos, como el bajista de M-Clan, Alejandro Boli Climent y el batería de Tequila Daniel Griffin. Pero Fito, pese a su corta estatura, sigue ensombreciendo a todos los que le acompañan.

Si no hay música, Fito no se prodiga en palabras cuando se dirige al público. Más bien parece un tímido, pero con pocas palabras supo ganarse aún más a un público ya entregado. «Ya sabéis que soy mitad gallego, pero solo por la parte buena», dijo justo antes de presentar a los integrantes de su banda. Pero una vez más fue él quien se llevó las mayores ovaciones.