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La industria eólica pierde la mitad de su negocio y destruye 2.000 empleos

Miguel Á. Rodríguez

ECONOMÍA

Los ERE afectan a un millar de empleos, hay subcontratas que dejan de trabajar y plantas amenazadas de cierre

22 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«Aquella creencia de que la crisis no afectaría al sector eólico se ha venido abajo. Los fabricantes luchamos hoy contra el parón del sector en Galicia, pero también contra la competencia de otras comunidades y de otros países; y contra los graves problemas de financiación que viven las empresas». La radiografía es de Rafael, directivo de Danigal (A Coruña), una de las plantas de montaje y elaboración de componentes eólicos que todavía presumen de carga de trabajo en Galicia.

Hoy, Danigal es casi una excepción. Junto a Gamesa (uno de los fabricantes líderes en el mundo) o Ecotècnia, que produce tecnología propia, es uno de los flotadores de un sector que vive sus horas más bajas. Desde 1995, en Galicia se asentaron una veintena de empresas de componentes eólicos que dieron empleo directo e indirecto (a través de subcontratas) a cerca de 18.000 personas. Eran los años dulces del viento gallego. Y también los de la especulación.

La foto fija actual es bien distinta. Cerca de un millar de trabajadores de casi una docena de firmas están afectados por expedientes de regulación de empleo (ERE). Fuentes sindicales cifran en el entorno de los 2.000 los puestos de trabajo que se han destruido (por despidos, expedientes regulatorios o supresión de temporalidad) en la fabricación de componentes eólicos. Muchos provienen de empresas que abrieron en los últimos años líneas de negocio para la eólica (caso de Imenosa en Fene, Censa en O Porriño o Navantia) y que ahora las han cerrado o las mantienen inertes.

El número de palas y fustes de aerogeneradores que se fabricarán este año en Galicia no llegará a la mitad de los que se facturaron hace un año, de acuerdo con las estimaciones del sector.

Manuel Piñeiro, portavoz de la Federación de Industria de Comisiones Obreras, resume la situación en la comarca ferrolana: «De los 2.000 empleos que había hace un año quedan solo mil y la producción es cada vez menor y se está deslocalizando hacia dónde la mano de obra es más barata».

Emesa (en Coirós) lleva despedidos más de 60 trabajadores en el último medio año. El astillero Navantia cerró su división eólica, en la que trabajaban medio centenar de operarios. Gigantes del sector, como Vestas (en Viveiro), que habían anunciado planes de expansión para este año, los han congelado. LM Composites (en As Pontes) mantiene a sus cerca de 180 operarios en un expediente de regulación de empleo hasta el 31 de diciembre del 2009. Y la mitad de su plantilla lleva regulada desde mediados del 2008. La firma está amenazada de cierre.

Los ejemplos

Metalúrgicas del Atlántico (también en Ferrol) ha perdido en el último año más de 40 empleos por la caída de la producción. Y antiguos productores eólicos, como Coasa (en Ourense), han reducido prácticamente a cero su trabajo para este sector.

Un directivo de Gamesa Eólica en Galicia, una de las empresas que se salvan por los pedidos internacionales, explica la caída del sector local. A su juicio, la culpa hay que buscarla en la «fuerte competencia exterior -países como China están convirtiéndose en fabricantes masivos de componentes eólicos-, los problemas de financiación que encuentran las promociones de nuevos parques, la caída de la demanda eléctrica y, sobre todo, el parón de las nuevas instalaciones en Galicia».

Al igual que sucedió en esta comunidad, donde floreció la industria eólica con los primeros planes sectoriales que sembraron Galicia de parques (hoy hay cerca de 3.500 megavatios instalados), otras autonomías han arrastrado el tejido industrial a las zonas en las que está previsto desarrollar este sector.

José Luis Blanco, de Ecotècnia, explica cómo en esta empresa se apostó por el I+D del sector y por la fabricación de marca propia de alta calidad para todo el mundo con el fin de «salvar» esta parte baja del ciclo.