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La monja que creía que el sufrimiento conduce a Dios

E.?C.

ESPAÑA

20 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

«Necesito vivir olvidada, desconocida, despreciada, lo más cerca posible de su vida santísima. No tengo más que esta vida, y quisiera darte durante ella todo el dolor, toda la humillación que sea posible». Esta frase recogida en Pensamientos de la madre Maravillas de Jesús sirve para acercarse a la figura de esta carmelita que creía que «el fruto del sufrimiento es estar cada día más cerca de Dios». Más elocuente es la que se le atribuye en Vida de la madre Maravillas: «Déjate mandar. Déjate sujetar. Y serás perfecta». Una vida marcada por el sacrificio y la sumisión, que la llevaron, según dicen, a colgarse de una viga para sufrir por Jesús.

Hija de los marqueses de Pidal -Luis Pidal, que fue ministro de Fomento y embajador español ante la Santa Sede, y Cristina Chico de Guzmán-, Maravillas nació en Madrid en 1891 y murió en 1974 en el convento de La Aldehuela. «¡Qué felicidad morir carmelita», dicen que proclamó jubilosa antes de morir. Tras el Concilio Vaticano II, la madre Maravillas se escindió del tronco común de las carmelitas y fundó la congregación de la Estricta Observancia, una de las más rígidas y ortodoxas que existen. Juan Pablo II la canonizó en Madrid en el 2003. Se valoraron las amenazas que padeció cuando fue detenida durante la Guerra Civil, pero sobre todo milagros como el del niño argentino Manuel Vilar, que se habría recuperado tras una parada cardiorrespiratoria gracias a que su madre rezó a sor Maravillas.