Siete meses después de su segunda derrota en las generales, las cosas parecían ponerse por fin a favor de Rajoy en términos electorales. La crisis económica ha destrozado los números económicos de Zapatero, su joya de la corona. Pero en los últimos días Rajoy y el PP se han convertido en los peores enemigos de sí mismos. El indiscreto micrófono que recogió su alusión al «coñazo» del desfile ha dejado tocado al líder popular, que ayer presentaba un semblante abatido.
El otro problema que preocupa a Rajoy tiene su origen en Galicia. En Génova ha sentado mal y se ha entendido peor que el PPdeG firme texto de apoyo a la Ley de Memoria Histórica y de condena nítida del franquismo. Algo que el propio Rajoy ha eludido hasta ahora, no sin esfuerzo. El asunto parece nimio, pero los problemas son varios. El PPdeG rompe el discurso de Rajoy de rechazo absoluto a la Ley de Memoria Histórica. Lo más parecido a un desencuentro entre Rajoy y Feijoo, uno de sus mayores apoyos en su tercer intento de asalto a la Moncloa.
Decisión ajena
Al ser el primero en posicionarse, Feijoo resta autoridad a Rajoy, que ahora solo puede opinar sobre una decisión ajena, en lugar de marcar el discurso. Por último, en Génova son conscientes de que el PSOE ha tomado nota. Y cuentan los días que tardará Zapatero en presentar en el Congreso una celada similar a Rajoy que, haga lo que haga, saldrá malparado. Si apoya un texto igual al de Galicia, habrá sido Feijoo y no Rajoy quien fije la doctrina. Si lo rechaza, dará una imagen de división preocupante a pocos meses de las elecciones gallegas.
Y como las desgracias nunca vienen solas, el asunto ha servido también para que Esteban González Pons dé su primer patinazo serio como portavoz del PP. Queriendo evitar una desautorización expresa, no se lo ocurrió otra cosa que decir que el PPdeG se vio «forzado» por el Partido Socialista y por el BNG.
Con ello deja al PPdeG como una fuerza sin discurso propio. Como remate, Fraga, que últimamente había mejorado su cartel en Génova gracias al apoyo sin fisuras a Rajoy en su guerra contra Esperanza Aguirre, se descolgó con una sonora reprimenda diciendo que el PP no puede ser «forzado» por nadie.
El problema es que a día de hoy no se sabe si la bronca de Manuel Fraga iba dirigida a Pons por sus declaraciones o a Feijoo por hacer algo que él no ha hecho en 30 años de democracia. Como pista, basta decir que en fecha tan cercana como diciembre del 2007 Fraga aseguró que «el franquismo ha sentado las bases para una España con más orden».