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La escuela de Teixeiro tiene a 300 reclusos en lista de espera

A LAMA

«Nunca me habían dado la mano, ni las gracias, al salir de clase», dice un docente

09 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Es otro mundo y está entre rejas. Benito pidió ir a él. «Es una experiencia, da otras satisfacciones: a mí nunca me había pasado que me dieran la mano y las gracias al salir de clase», dice. Es uno de los doce profesores que trabajan en la Escuela Permanente de Adultos de la prisión de Teixeiro, y no dan sus apellidos «por temas de seguridad, aunque luego resulta que cuando llegué aquí me encontré con un chaval de mi pueblo que me tiene más que fichado».

Más de 200 alumnos asisten a estas clases, de lunes a viernes, pero en lista de espera hay más de 300, «dos que 97 son estranxeiros», sostiene Enma, otra de las profesoras. Cuando el año pasado preparaba sus oposiciones, que acabó aprobando, los alumnos a los que da clase le decían que les pusiera un trabajo «y tú estudia, que así puedes volver». Confiesa su felicidad con este trabajo y sostiene que aquí no hay término medio: «Ou gústache moito ou non o aturas, non hai punto medio».

«Comezas a vir á escola para evadirte do módulo», reconoce Luis Miguel, uno de los reclusos que tienen palabras de elogio para los docentes: «Os mestres teñen moita man dereita amén de paciencia; logran que o collas con gañas e que te tomes a escola xa doutra maneira, máis en serio». Tras matizar que no quiere ser excesivamente «pelotas», se rie para luego decir que los maestros «conseguiron no primeiro curso que seamos máis e mellor preparados».

«Hai moi bo rollo»

José Antonio es el director de esta escuela y detalla que la formación de los reclusos antes dependía de Instituciones Penitenciarias, pero desde hace dos años es competencia de la Consellería de Educación; en los otros centros penitenciarios gallegos, A Lama, Bonxe, Monterroso y Pereiro de Aguiar, también hay escuelas de este tipo.

Explica el director que las clases «danlle á xente moita vidilla» y los docentes tratan «de que sexa un lugar agradable, destensar as tensións que se dan nos módulos; o certo é que en xeral hai moi bo rollo».

En esta apreciación coinciden la pareja del primer nivel que forman Montse y Dieste: «La escuela nos aporta enseñanza, ocio, cultura, conocimiento y relacionarse con otras personas»; otra cuestión que valoran es que las clases les permiten estar juntos.

José Antonio explica que la enseñanza se divide en tres niveles, de los que de primero a tercero de primaria «sería como o nivel un; cuarto, quinto e sexto o nivel dous, e a educación secundaria o tres». Además también tienen tutorías para los que cursan el bachillerato.

En las clases de primaria uno de los asistentes es el patriarca de un poblado gitano «e nótase moito porque consúltanlle cousas e cando algún anda medio revirado cunha ollada xa, sin dicirlle nada, xa se queda tranquilo», indica una de las docentes. Perilla, sello de oro en el dedo anular, pulsera de plata y sombrero negro y su sitio en el centro de la clase marcan claramente la diferencia entre este patriarca y cualquier otro recluso.

«¿Te queda mucha campaña?»

«Catro anos é moito tempo para sacar o título de graduado escolar», explica José Antonio, por lo que para los adultos tienen módulos que les permiten obtenerlo en dos años. De todos modos, después de que un alumno se matricula los maestros ya van viendo lo que puede hacer, sobre todo una vez que responde a una pregunta: «¿Te queda mucha campaña?», un eufemismo para conocer el tiempo de condena que debe cumplir.

Tuku sostiene que durante toda su condena «he estado cultivando mi mente, cursos, secundaria, tercero ESO y cuarto, aparte de trabajar en los talleres o cualquier tarea laboral; lo hice cuando estaba en libertad, ¿por qué no lo iba a seguir haciendo ahora? Soy yo mismo». Este recluso relata la alternativa: «Es más penoso y duro tener que estar tirado en un patio, cosa que muchos compañeros no se preocupan en cultivar sus mentes y prepararse cuando estén en libertad; otros prefieren irse a dormir, ya que muchos módulos lo permiten».

Para Carlos, la principal aportación de la escuela es «salir de la utopía, porque aquí se deja algo a cambio de algo (nada es gratis); en mi opinión, es una evasión de esa rutina y además aprendo cosas y entablo amistades, vuelvo a ver a antiguos compañeros y esto me ayuda personalmente a contribuir al llamado reingreso en la sociedad, y que no me esquiven [sic] los permisos, por mal uso del mismo... En la escuela hay ese cambio, que es beneficioso para todos».