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Galicia perdió casi la mitad de su peso demográfico en el último siglo

Susana Basterrechea

GALICIA

Pasó de representar el 11% de la población española en 1900 al 6% actual, en gran parte por la fuerte emigración.

11 jun 2009 . Actualizado a las 12:23 h.

Hace solo una semana, el Instituto Nacional de Estadística (INE) volvía a poner el dedo en la llaga: Galicia sigue encogiendo y continúa imparable su declive demográfico. Según dicho informe, en el 2008 nacieron 23.281 bebés y murieron 29.668 personas, lo que deja el saldo demográfico de la comunidad en -?6.387 habitantes y la coloca de nuevo como la de peor crecimiento vegetativo en el conjunto de España.

Con este panorama de sequía de nuevos ciudadanos cuesta imaginar a Galicia como una potencia demográfica, pero resulta que lo fue. Su momento estelar tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XVII y en el XVIII, cuando la comunidad, entonces reino, registró una gran expansión poblacional. Según un estudio de la historiadora Ana Cabana, a finales del XVIII, el padrón gallego superaba la cifra de 1,4 millones de habitantes, que por aquel entonces suponía tener casi el 13% del peso demográfico de España. En un país eminentemente agrícola, Galicia era uno de los territorios más poblados y su densidad en aquel momento, de 47,6 habitantes por kilómetro cuadrado, duplicaba la tasa española. Algunas comarcas, como las Rías Baixas, llegaban incluso a los 100 vecinos por kilómetro cuadrado. Todo un récord entonces. «Lo que ha cambiado la situación demográfica gallega. A día de hoy, apenas llegamos al 6% del total de la población», señala el historiador Ramón Villares.

Así es. El último dato oficial del INE (el del 1 de enero del 2008) sitúa el censo de Galicia en 2.784.169 personas. En relación a la población española, la gallega solo representa el 6%. Si se toman como válidas las cifras provisionales que avanzó el organismo estatal para el padrón del 2009, la proporción queda algo más baja, en un 5,9%. Es decir, el peso demográfico de la comunidad es hoy la mitad del que era a finales del XVIII.

¿Y qué motivaba ese dinamismo poblacional? Según Villares, tres son las razones fundamentales. «Por un lado, la pequeña explotación con titularidad directa del campesino, sin ser jornalero, fomentó el desarrollo de las familias campesinas. Además, se introdujo un nuevo cultivo, el maíz, que jugó un papel clave. Y también fue la época en la que se superaron en parte algunas de las mortalidades catastróficas, provocadas por el hambre o por epidemias», explica el historiador. «Aunque ahí también empezó la emigración», añade. Sin embargo, este fenómeno fue mucho más intenso después.

Ya en el siglo XIX, el crecimiento de la población gallega, aunque algo más moderado, situó el censo entre los 1,7 y los 1,8 millones. «Hubo un repunte a mediados de ese siglo y la Galicia interior cobró fuerza, probablemente por la difusión del cultivo de la patata, que se hizo común en las labranzas de Lugo y Ourense», apunta Villares.

Pero el peso demográfico de Galicia, afectado por los flujos migratorios, el paso del modelo demográfico tradicional al moderno (baja natalidad-baja mortalidad) y la ínfima industrialización, empezó a perder entidad. Aún así, la tasa de la población gallega respecto a la española era del 11% al comenzar el siglo XX (casi la mitad de la actual) y se mantuvo en el 10% durante el primer tercio de la centuria. «Galicia llegó agotada a esta fase y pagó su modernidad precoz», señala Villares. El censo gallego se situó entonces en los 2 millones, aunque creció muy lentamente hasta 1950. Aún iba a producirse la primera gran oleada de la emigración gallega.