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«Galicia se desangra y nadie quiere darse por enterado»

Juan Oliver

GALICIA

Los analistas advierten de que apenas queda tiempo para evitar la hecatombe demográfica hacia la que se dirige la comunidad

13 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Manuel Blanco Desar lleva años advirtiendo de que Europa sufre una catástrofe demográfica. Lo hizo en El problema occidental, que presentó en Bruselas con el patrocinio de Joaquín Almunia, y vuelve a hacerlo en El síndrome G, en el que focaliza el análisis en Galicia.

-¿Ha calculado cuándo se extinguirán los gallegos?

-Gallego es cualquier español que se empadrone en Galicia, y desde esa perspectiva no hay término. Desde la etnográfica, dependerá de los nacimientos, y lo normal es que cada vez haya menos. La tasa mínima de reposición es de 2,1 hijos por pareja, y en Galicia llevamos por debajo desde 1980 y desde 1994, entre 0,9 y 1,1. Una hecatombe.

-Suena duro.

-No nos enfrentamos a un cambio demográfico, sino a una verdadera mutación. Y si el problema en Europa es grave, Galicia sufre el caso más extremo. En el 2005 había 800.000 personas de entre 20 y 39 años, y en el 2030 solo habrá 500.000. En el mundo, solo Singapur, Macao y Hong Kong tienen peores cifras.

-¿Qué explica esa mutación?

-Hay dos corrientes poco convincentes. La económica, que dice que las sociedades con menor renta tienen más problemas demográficos, y la moral, que lo atribuye a una crisis de valores. Pero en Galicia la población con menor renta suele tener más hijos, y los parámetros de divorcio, abortos, matrimonios homosexuales y anticonceptivos están muy por debajo de otras sociedades que no padecen esta atonía natalicia.

-¿Qué lo explica entonces?

-Una variedad de factores culturales. Lo peor es que Galicia se desangra y nadie quiere darse por enterado, pese al poco tiempo que queda para revertir el proceso.

-¿Cómo superarlo? ¿Con ayudas a la natalidad?

-No creo que las ayudas directas funcionen. Ningún padre decente tiene un hijo para cobrar una subvención. Además, carecemos de músculo financiero, que habría que forzar durante dos generaciones. Mejor invertir en servicios, ensayar nuevas soluciones y terminar de raíz con esa aberrante ley del silencio que rige en el ámbito laboral: si trabajas en una pyme y te quedas embarazada, te quedas sin empleo.

-¿La inmigración ayuda?

-Claro. Pero hemos tomado la absurda decisión de encerrarnos ya seniles tras un muro transparente, como si eso bastase para que los que se han quedado fuera no sigan intentando saltarlo.

-El sistema de pensiones gallego estaría en quiebra sin las aportaciones del resto de España, porque la Seguridad Social tiene aquí un déficit de 1.300 millones. ¿Eso puede agravar las tensiones territoriales?

-No en el horizonte inmediato, pero hay más personas egoístas que altruistas. En Bélgica, los flamencos dicen que prefieren usar su superávit social para aumentar sus propias pensiones y no para cubrir el déficit valón. En España tenemos el muro de contención de la Constitución. Pero el mejor blindaje es una demografía equilibrada.