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«Se fan o parque, igual quéimase todo»

J. Casanova

GALICIA

La solidez, la determinación y la extensión del «no» mantiene en silencio a los escasos vecinos que ven una opción de futuro en el aumento de protección de la sierra

31 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La frase del titular no es una expresión aislada. Es más bien una amenaza nada sutil que surge en cuanto se escarba un poco en las opiniones de los vecinos, de los más locuaces al menos. En cualquier caso, es una frase coherente con lo que cualquier visitante puede apreciar en una excursión por la zona, trufada de pintadas y pancartas contra el parque.

Navia de Suarna es un pueblecito con encanto. Atravesado por un río de cuento, enclavado entre montañas y con sus edificios históricos. La plaza principal se muestra blasonada con dos toscas pancartas elaboradas con sábanas en las que se lee el mensaje de moda: «Parque nón». La tilde no tiene sentido ortográfico pero refuerza la posición frente al parque: «Non, non é cousa duns poucos -comenta con cara de pocos amigos un parroquiano que toma café en un bar céntrico-. Eu traballo por toda a zoa e pódolle dicir que o 90% do pobo está contra do parque». El relatorio habitual de protestas no lo expresa un jubilado, sino un ciudadano de 35 años nacido en el concello, propietario de árboles en el parque y con otro trabajo.

«Ao roxo vivo»

El Concello de Navia ha perdido, en 25 años, el 60% de su población. Una estampida demográfica. Y, sin embargo, pocos dan un duro por la oportunidad que vendría tras la declaración de parque natural: «Aquí xa viñeron a explicar uns técnicos de Lugo e saíron ao roxo vivo», recuerda un vecino en medio de la montaña de Navia. Es otro jovencito, en la pirámide poblacional del concello. Solo tiene 45 años. Tampoco es profesional del campo: «O que é moi triste é que non poidas coller unha presa de leña ao lado da túa casa e que teñan que vir a marcarte as árbores. ¿Onde se víu iso?». Y detrás, la amenaza: «Igual quéimase todo».

-¿Cree que acabarán haciendo el parque?

-Pode ser, pero se o fan pola tremenda, hanse quedar sen parque.

Una señora mayor sale de la vivienda que está arreglando mi contertulio y se interesa por el debate, al que añade su voto y el de las tres familias que dice que viven allí: «Aquí todos estamos contra el parque.

-¿Por qué?

-Porque quiero que se conserve tal y como está.

-¿Y no cree que el parque traería algunas ventajas?

-Mire, yo no le puedo dar muchas explicaciones, pero ponga ahí que aquí estamos contra el parque.

El hostelero sincero

Por las carreteras de montaña que unen los principales puntos de la parte gallega de Os Ancares y que ponen a prueba la sagacidad del conductor sin GPS, instaló su negocio un singular hostelero que prefiere que no lo identifiquen y que, a cambio, expresa con sinceridad su rechazo al parque: «Yo no lo quiero. Si buscara un aluvión de clientes me habría ido a Benidorm. También he estado en parques naturales y, para mí, esto es mucho mejor. Pero hablo de mis intereses, que yo no soy propietario de tierras ni soy de aquí. Está claro que para el paisano, si no pilla este tren, no le queda otro. La situación del no al parque ya les ha traído hasta aquí, así que el que defiende esa postura, lo que está defendiendo es su propio suicidio».

Entre tanto no, merece la pena dedicar unas líneas a Carmen y Mari Carmen, que pasean por la desierta carretera de Virigo. La primera tiene 64 años y algún problema de salud que ha llevado a la segunda, de veintipocos, hasta allí. Carmen, la más mayor, dice parque no: «Todo o mundo está en contra», refuerza. Y Mari Carmen, la más joven, dice parque sí. Que si se negocia para conjugar los intereses de todos, para que quede algo en el pueblo, para que se quede la gente... «Yo he nacido aquí y quiero vivir aquí. Mientras pueda no me iré y yo creo que al parque se le podría sacar rendimiento. Pero aquí hay mucha gente mayor y las cosas no se explican bien. Así que, ya lo ve. De entrada siempre responden que no».

Mari Carmen, de veintipocos como ella misma dice, es la verdadera especie en extinción en Os Ancares y, con toda seguridad, la que goza del peor estatus de protección por parte de la Administración. Mujeres de su edad con vocación de vivir en un entorno tan cautivador y tan económicamente árido hay menos que lobos y pronto habrá tantas como urogallos, es decir, las que vengan de visita.