La falta de acuerdo sobre un parque natural entre los vecinos y la Xunta compromete el futuro de la zona
31 ago 2009 . Actualizado a las 11:52 h.Resulta chocante que la singular vertiente occidental de la sierra de Os Ancares no sea un parque natural. Del otro lado lo es. De hecho lo es la mayor parte de la cordillera Cantábrica que se muere en el extremo oriental de Galicia, configurando uno de los espacios más hermosos del país.
El valor de los ecosistemas que sobreviven en los valles de Os Ancares es indiscutible. Mecido por un clima atlántico, mantiene magníficos bosques de ribera en la parte baja y otros de castaños, abedules y, ocasionalmente, hayas, flanqueados por el piorno y el sorprendente acebo, que se asoma por buena parte del parque. El oso ha vuelto a aventurarse por la sierra en su tímido proceso expansivo, coronando un completo censo de mamíferos muy inferior sin embargo al catálogo de aves. Hasta la Unesco declaró la zona reserva de la biosfera hace unos años.
Sin embargo, cualquier visitante tardará pocos kilómetros en percibir el rechazo frontal y persistente contra el parque, una oposición que tiene mucho más calado del que sugiere el activismo ocasional de una cuadrilla armada con espráis de pintura.
El proyecto del parque natural ha sido probablemente un ejemplo de planificación equivocada, aunque solo sea por los catastróficos resultados que provocaron los primeros contactos entre la Xunta y los vecinos. El plan se antepuso al de O Courel, sobre una superficie de 25.000 hectáreas compartidas por los municipios de Navia y Cervantes. Pero nadie reparó en el ambiente de animadversión que habían provocado en la zona las restricciones de Red Natura, de modo que los encuentros ya estaban muertos antes de producirse: «Yo estuve en una de esas reuniones -recuerda un hostelero de Cervantes- y a la tercera vez que un vecino interrumpió la exposición del técnico llamándolo ''eh, tú, bigotes'' me fui. Allí no había nada que hacer».
Celeridad y eficacia
La oposición se movió con la suficiente celeridad y eficacia como para constituir una asociación, contratar abogados y hasta organizar una visita de afectados por otros parques para que efectuaran un relatorio de agravios ante los vecinos de Os Ancares. Ahora, el cambio de Gobierno en Santiago enfrenta al problema a los mismos que lo engordaron. En cualquier caso, los responsables de Medio Rural tienen previsto en breve un encuentro sobre el terreno con los colectivos vecinales; una toma de temperatura.
Por la zona flota la sensación de que el plan está en el congelador y, muy probablemente, la percepción que reciban los emisarios de Santiago sea que, por lo que a los vecinos respecta, el proyecto está donde debe estar. «O que entenden os veciños é que canta máis protección, máis limitacións e menos beneficios», resume el alcalde de Navia, José Fernández, que también se queja de la falta de claridad con la que se ha expuesto el proyecto y comparte con sus administrados las pocas facilidades que da la Administración: «É moi triste ter que facer cincuenta kilómetros para pedir permiso para cortar a leña que ten ao lado da casa e que no concello teñamos todavía pobos sin luz».
No más restricciones
Un argumento común en la oposición al parque es la capacidad que ha tenido el pueblo para mantener Os Ancares como está hoy sin que la Administración se preocupara del asunto hasta hace algunos años. «Non queremos sufrir máis restricións sen que nos compensen», dice Francisco Díaz, presidente de la asociación más activa contra el parque, Pico Sur Ancares. «Non esperamos nada do parque -añade-. Se trae uns postos de traballo serán de xente de fóra; imporán a figura dun director, que terá que dar o seu consentimento para todo e haberá máis limitacións».
-¿De qué tipo?
-Pois, por exemplo, non se poderán poñer parques eólicos.
La asociación asegura haber presentado en su día más de mil firmas contra el parque y una serie de alegaciones al borrador del proyecto, que, por cierto, están aún por responder.
Extrañamente, en Os Ancares no hay actividades económicas de importancia en el entorno del parque que entren en colisión con el cambio de estatus, como podría ocurrir en O Courel con la explotación pizarrera. La extracción de madera tampoco pasa por sus mejores momentos y el precio ha caído tanto que casi nadie vende. Las explotaciones agropecuarias siguen siendo el boqueante motor económico ante un sector turístico que no acaba de despegar. Muchos de los que defienden el no lo entienden; saben que a la zona no le quedan muchas salidas, pero, de todos modos, no creen que la creación de un parque sea una de ellas.