Campaña contra el tren

José Ángel Roca

GALICIA

22 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

En las últimas semanas, diversos responsables políticos de este país se han quedado a gusto criticando el compromiso del ministro de Fomento para conseguir la financiación necesaria para la construcción de los últimos tramos del AVE gallego. Esos mismos tramos que, mientras se invertía en alta velocidad en otras comunidades, el ministerio, con Magdalena Álvarez al frente, guardaba en un cajón. Por esta razón, la financiación del AVE gallego llega en un momento económico difícil, pero, de no ser así, Galicia sería incapaz de obtenerla en varios lustros, que se superponen a los 25 años con respecto a la entrada en funcionamiento del primer AVE en España. La brecha abierta con otras comunidades, en cuanto a posibilidades de desarrollo empresarial, comercial así como la modernización de las infraestructuras de transporte con los grandes focos de actividad económica, sería insalvable.

Es difícil de comprender para un coruñés que vive a 600 kilómetros de distancia de Madrid y ha podido disfrutar de las llegadas del tren de alta velocidad a otras ciudades que, llegado el momento de Galicia, una corriente en contra de esta inversión se levante en la España que dispone ya de las mejores infraestructuras de transporte del país. Los madrileños se han beneficiado desde el principio del carácter radial de la red ferroviaria. Cataluña, que hasta febrero del 2008 no ha dejado de airear la supuesta discriminación que suponía que el AVE hubiese llegado antes a Sevilla o Valladolid en vez de a la capital catalana, ahora no quiere comprender la situación gallega. Y ello a pesar de que recorrer la misma distancia a Madrid supone 8 horas para un coruñés y solo 2 horas y media para un catalán.

Nos habían prevenido sobre ataques duros en contra de nuestro AVE con el objetivo de seguir manteniendo a Galicia como la reserva india del ferrocarril en España, por parte de los partidos políticos, desde otras comunidades e incluso desde dentro de la nuestra. Pero ya hemos esperado demasiado, es el momento de luchar por la competitividad de nuestras infraestructuras y el desarrollo de nuestra tierra.