En Neira de Rei aseguran que las migratorias se instalaron en el pueblo porque un vecino les hizo varios nidos e incluso diseñó unas aves simuladas con techopán. Desde entonces repiten cada año
18 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Totó, como así lo bautizó su nieto, es el hombre de las cigüeñas. En San Miguel de Neira de Rei, en Baralla, no queda nadie que no conozca su historia y la mayoría cree que fue él quien atrajo a estas aves al pueblo hace ya algún tiempo. Hasta que este vecino, Toñín Lombardía Santiso, puso en marcha sus planes, las migratorias no hacían parada y fonda en el pueblo. Todo lo contrario, ni se acercaban. Desde que Totó les preparó todo, la colonia de zancudas comienza a ser abundante, tanto que de seguir así es posible que llegue un momento que haya más aves que vecinos. «Este ano xa teño visto hasta 14 nos prados», comentó una mujer del pueblo.
Volviendo a la historia de Totó, resulta que este hombre que ahora está jubilado y que, gracias a su optimismo va superando algunos achaques de salud, trabajó en Fenosa durante muchos años en la zona de Ponferrada. Allí las cigüeñas suelen ser algo muy corriente y él simpatizó con ellas, tanto que pensó en llevarlas a su pueblo. Semejante reto es posible que no consiguiese ni Rodríguez de la Fuente, pero Toñín acabó lográndolo.
Cuando llegó a su casa, lo primero que hizo fue ejecutar un plan que le andaba dando vueltas en la cabeza y que pasaba por fabricarles a las aves varios nidos y colocarlos en lo alto de unos postes para que se fijaran en ellos y así tener todo el trabajo hecho.
Delante de su casa se encaramó a un poste y le colocó en la parte superior una plataforma sobre la cual fue haciendo a su aire un nido. Pero, todavía quedaba algo pendiente.
Pensaba que el nido no podía ser suficiente y creó unas cigüeñas de techopan, con pico, patas y todo. Para dar todavía mucho más realismo a su iniciativa, que los ecologistas quizás debían premiar, ideó un sistema para hacer que las falsas zancudas se moviesen. Hizo una plataforma giratoria que posibilitaba que los animales diesen vueltas.
A picotazos
Parece que las cigüeñas al principio se hicieron las interesantes, pero finalmente se decidieron. Primero le dejaron a Totó en casa a su nieto. «E os quince días despois de que nacera, viñeron elas», contó su esposa.
Las aves fueron recibidas con los brazos abiertos y la noticia de su llegada corrió de casa en casa por San Miguel. Nunca hasta entonces vieran cigüeñas en la zona.
Parece que a las aves emigrantes no les hizo mucha gracia sus colegas de techopán y lo primero que hicieron fue emprenderla a picotazos con ellas hasta el extremo de dejarlas desintegradas en un santiamén. Los nidos fue otra cosa: ¡Para que trabajar meses y meses transportando y colocando los materiales si ya Totó los había preparado!
Toñín se entusiasmó tanto que colocó nidos casi a diestro y siniestro. Las cigüeñas, que no son tontas, llegaron y se instalaron. Parece que la zona les gustó y ahora repiten y repiten. Los vecinos las recibieron con los brazos abiertos. Tanto es así que cuando el vendaval les mandó a tierra uno de los nidos, pronto se apresuraron a volver a colocarlo. Con el paso del tiempo Totó comenzó a hablar a sus cigüeñas. «E hasta me contestan con un concerto de pico», dijo.