Un escritor, juzgado por asesinato en Polonia por describir en su novela el crimen con detalles que sólo el asesino conocía.
09 ago 2007 . Actualizado a las 23:54 h.La novela Amok (literalmente, «El arrebato»), de Krystian Bala, puede conducir al escritor a la cárcel, si los magistrados que lo juzgan dictaminan que relató en ella un asesinato que cometió en la vida real.
El homicidio se cometió el 13 de noviembre del 2000, cinco años antes de aparecer la novela, que no interesó a los críticos, pero sí, y mucho, a policías, fiscales y peritos judiciales, porque en ella se describía un asesinato idéntico a otro real que no había sido resuelto.
La novela surgió a guisa de memorias colgadas en Internet y en el ciberespacio sí tuvo bastante éxito, quizás por su carga de violencia y la falta de piedad del asesino que la protagonizaba.
El interés de los investigadores se debió a que sabían que la víctima del asesinato real no resuelto, Dariusz J., de 35 años, había sido torturado antes de morir, detalle que describía la novela, aunque nunca se dio a conocer.
El asesino lo ató de tal manera que incluso el más mínimo movimiento hacía que se apretase la cuerda que tenía alrededor del cuello, asfixiándolo cada vez más.
Aquella información desconocida por el público indujo a los investigadores a pensar que Bala podía ser el autor del asesinato y decidieron reabrir el caso que varios años antes archivaron.
«Nos dedicamos a buscar hasta los indicios más insignificantes para verificar si nuestra sospecha tenía pies y cabeza», relató al diario Rzeczpospolita el comisario Jacek Wrobleski.
Y empezaron a aparecer detalles muy sugerentes, como por ejemplo unos correos electrónicos en relación con el crimen enviados desde Asia al programa de televisión que informó sobre la muerte de Dariusz J.
Los investigadores controlaron el pasaporte de Krystian Bala y confirmaron que el escritor había estado en las fechas concretas en los lugares desde los que alguien se había conectado con el programa de la televisión polaca para definir el asesinato cometido en el 2000 como «el crimen perfecto».
Asimismo, la Policía descubrió que cuatro días después de la desaparición de Dariusz J., el teléfono que portaba apareció en una subasta de internet y lo puso a la venta un tal Chris B., nombre que parece corresponderse con el del escritor.
Al respecto, Bala, durante los interrogatorios que siguieron a una de sus detenciones, afirmó unas veces que lo encontró en una cafetería y otras que lo compró en una tienda de objetos de segunda mano.
Pese a las investigaciones, Bala, conocido filósofo y trotamundos de Wroclaw, parecía tranquilo y preguntado sobre lo que pensaba de su libro, lo definía como «un producto de la cloaca», «pura basura pornográfica».
Ahora permanece en prisión, a la espera del veredicto de los jueces de Wroclaw, pero sigue sin parecer abrumado por la situación; por el contrario, se comporta como si estuviese encerrado por equivocación.
Los psicólogos que lo examinaron afirman que su personalidad tiene rasgos de frío sadismo.
El fiscal Robert Kowalczyk relató a Rzeczpospolita que descubrió que al literato le molestaba mucho sentirse menospreciado, pero le gustaba despreciar a otros.
Y ese complejo de superioridad, a juicio de los investigadores, fue lo que le indujo a describir el asesinato no resuelto, porque estaba seguro de que nadie encontraría pruebas que pudiesen ligarlo al crimen.
Al fin, detenido e interrogado una vez más, se confesó autor del asesinato, que atribuyó a los celos que sentía por su esposa, Stanislawa.
Pero el problema consiste en que la confesión de Bala es la misma que aparece en el libro y los fiscales del juicio emprendido contra él, pese a todo, no tienen plena seguridad de que no se trate de una fantasía.
El tribunal debió dictar sentencia el pasado 2 de agosto, pero la aplazó porque quiere llevar a cabo aún varias pruebas periciales, ya que se trata del primer caso en Polonia en el que la acusación se basa principalmente en la descripción de un crimen hecha en un libro.