Los residentes en el Este tienen un poder adquisitivo inferior y el doble de paro
04 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Alemania vive un año de efemérides. Hace 60 que se fundó la República Federal, 20 que cayó el muro y 19 de la firma del Tratado de Unidad, que permitió que las dos Alemanias -herencia de la guerra fría- volvieran a ser una. Un 3 de octubre de 1990 se firmó el documento con el que se disolvió la República Democrática Alemana (RDA) y se integró en la República Federal de Alemania (RFA). Fue el fruto de la política de apertura de Mijaíl Gorbachov desde Moscú, de un Estado germanooriental que no se sostenía económicamente, y de un pueblo con ansias de libertad que aquel otoño de 1989 tomó pacíficamente las calles de Leipzig, Praga o Dresde. Ayer, la canciller Angela Merkel -creció en el Este- recordó aquel espíritu de lucha de los germanoorientales que forzaron la caída del muro de Berlín, como motor también para superar la crisis económica. Fue en el Oeste, en Sarrebruck, escenario este año de los principales eventos en el Día de la Unidad Nacional. «Necesitamos un sentimiento de desasosiego productivo como el de 1989», dijo Merkel, consciente de que persisten graves diferencias entre «las dos» Alemanias. Más de un 40% de los germano-orientales recuerdan con nostalgia la Alemania comunista, y entre un 10 y un 15% desearían recuperar íntegramente el sistema político y social en el que crecieron. Es la conclusión a la que ha llegado Klaus Schröder, científico de la Universidad Libre de Berlín, tras investigar durante dos decenios a sus compatriotas del Este. «Veinte años después de la caída del muro, tanto en el Este como en el Oeste [de Alemania] apenas nos alegramos del fin pacífico de aquella dictadura», explica a un grupo de corresponsales. Nada que ver con la visión del ex canciller Willy Brandt, quien en el discurso que pronunció un día después de la caída del muro, el 10 de noviembre de 1989, dijo: «Ahora está unido lo que debe estar unido». Diferencias regionales La realidad es que el entusiasmo por la reunificación alemana deja mucho que desear, en parte porque desde 1995 «se paralizó el acercamiento del Este al Oeste», argumenta Schröder. En cifras esto significa que el germanooriental medio cuenta con un 80% del poder adquisitivo que sus vecinos y la tasa de paro en el Este dobla a la del Oeste. El problema, continúa Schröder, radica en que los germanoorientales piensan que «todos han de ser iguales [?] y se pierde de vista que entre las dos Alemanias hay fuertes diferencias regionales». Desde 1991, abandonaron la RDA más de un millón de personas. «La gran mayoría de los alemanes viven en condiciones similares, pero los unos se sienten ciudadanos de segunda clase (Este) y los otros miran a sus vecinos por encima del hombro (Oeste)», concluye Schröder. Ajenos a las estadísticas, ayer fue día de celebración en Berlín. Centenares de personas dieron la bienvenida a las dos marionetas más grandes del mundo, una niña de casi 8 metros de altura, y un buzo, de 15 metros, que salió del agua del río Spree. Representan a tío y sobrina (Este y Oeste) que se fundieron en un abrazo ante la Puerta de Brandemburgo como si todo fuera un cuento de hadas. El mismo que sorprendió a Alemania y al mundo hace 20 años.