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El colegio de Vilaxoán conecta un aula más al futuro

lara barreiro

AROUSA

MONICA IRAGO

14 sep 2013 . Actualizado a las 06:50 h.

La palabra celta «Abal», que significa manzana -la fruta de la sabiduría- y en el termino gallego «Abalar» que transmite la idea de promover el movimiento y la transformación, en este caso en el mundo educativo, son las raíces que dan origen al nombre del proyecto Abalar, que emplea las nuevas tecnologías como un recurso de aprendizaje. Con el recién inaugurado curso el colegio de Vilaxoán cumple tres años como uno de los centros pioneros en la implantación de red Abalar, un programa de la Xunta que adapta el modelo educativo a unos tiempos en los que los niños son nativos digitales y nacen con un teclado debajo del brazo. En la era de la información, el mundo digital está solo a un clic de distancia de los alumnos de esta escuela.

Aprendizaje guiado

Dos cursos de quinto de Primaria y uno de sexto utilizarán este año el sistema. Una hora a la semana, la coordinadora de Abalar instruye a los niños en la utilización de imágenes, presentaciones digitales o métodos de grabación. Los ordenadores sirven también como herramientas para educar en multitud de materias diversas, en una o dos sesiones diarias. Desde matemáticas a geografía o lengua, los recursos digitales hacen el aprendizaje más divertido. El programa permite trabajar individualmente ya que corrige los errores y proporciona vítores y medallas como premio a las respuestas correctas, lo que transforma las tareas en un auténtico juego. La profesora puede ver lo que están haciendo los niños en sus portátiles, y todo ello puede proyectarse en la pantalla que forma parte del equipo que la red Abalar proporciona. Al mismo tiempo se fomenta la interacción entre los alumnos que ayudan a los compañeros -y en ocasiones incluso al docente- a vencer las trabas y errores de los que todo material informático padece.

Las ventajas

Entre las ventajas que los niños ven en complementar sus libretas y libros con unos cuadernos digitales, los alumnos señalan que «es más cómodo porque pesa menos» y más divertido. La mayoría confiesa, sin embargo, que de momento aún les es más fácil escribir en soporte físico de las libretas que en el teclado del aparato, aunque al final del año es de esperar que los alumnos abandonen el aula convertidos en expertos mecanógrafos. Las respuestas a si les gustaría que los libros desapareciesen son más diversas, pero de momento en el colegio vilaxanoés el papel no corre peligro. Renglones y anillas no se dejarán de lado y los dispositivos utilizados servirán de complemento. Los ultrabooks se pueden adaptar a la altura de los niños y de un giro se convierten en una tablet táctil que sirve también como dispositivo de lectura

Inmenso Internet

La red de redes proporciona una ventana mayor al mundo que la que puede contener el espacio limitado de un libro. El gran reto del siglo es saber gestionar la información y saber escogerla discerniendo los contenidos verídicos de los erróneos. Los alumnos de Vilaxoán se inician pronto en esta labor filtrando y contrastando la información. Los mismo hacen los profesores con los contenidos educativos, que adaptan a lo establecido en el programa. Ver su propio pueblo desde el cielo mientras se aprende geografía es posible desde la pantalla de un ordenador, así como elaborar un extenso libro de recetas internacionales, tarea que llevaron a cabo el pasado curso. Este año el colegio emprenderá con sus niños, desde preescolar hasta sexto de Primaria, el proyecto «as pedras falan» para recopilar y retratar algunos de los monumentos pétreos de Galicia. La globalidad de internet permite paradójicamente tener acceso a información sobre los monumentos más locales porque «por mucho que en un libro de texto se hable del románico, la iglesia de San Martiño no va a poder aparecer en los libros». Y eso, en Internet como en la realidad, está solo a unos pasos del aula de enseñanza.