










La dueña del Pazo de Sergude (Xornes-Ponteceso), Isabel Álvarez de Sotomayor, aguardaba ayer junto a sus hijas para recibir a cuantos quisieran conocer por dentro el histórico inmueble
15 ago 2015 . Actualizado a las 05:00 h.La dueña del Pazo de Sergude (Xornes-Ponteceso), Isabel Álvarez de Sotomayor, aguardaba ayer junto a sus hijas para recibir a cuantos quisieran conocer por dentro el histórico inmueble. Era un día especial para ocasiones especiales: ahora se puede reservar para celebraciones particulares.
La que hasta ahora fue la casa familiar de diversas generaciones se destinará también a bodas y eventos. Interesará sin duda a muchos (hay otros casos en Galicia de notable éxito), pues se trata de un emplazamiento histórico único, donde organizar actos que también quedarán en la historia de cada uno, «pero sin volverse masivo», dice la gerente.
Esta joya arquitectónica fue construida en el siglo XVII, justamente en 1674. En la Casa Grande, como también es conocido el lugar, vivieron importantes personalidades, como el pintor ferrolano Fernando Álvarez de Sotomayor, abuelo de la actual propietaria. De hecho, vivo ejemplo de ello es un cuadro que pintó él mismo retratando a la madre de Isabel, que luce en el comedor de la vivienda. Pero el más remoto antecesor relacionado con este lugar, catalogado como patrimonio histórico, fue Ruy Fernández de Caamaño.
Basta con dar un paseo para ser conscientes de que se trata de un lugar emblemático. El hórreo de granito y el palomar están en perfecto estado de conservación. El padre de Isabel, que era arquitecto, hizo una reforma del techo del pazo, respetando su tipología histórica. El precioso alpendre es uno de los rincones favoritos de la dueña, «ideal para el baile de los novios si se celebra una boda», apunta. Sus dos hijas se casaron allí y hoy mismo lo hará una de sus sobrinas.
Su hija Isabel -Beba, «desde muy pequeña»; la otra es Ángela-, explica que para su madre «este pazo es como su hijo», lo mima todo lo que puede. Aunque vive en Madrid, siempre trata de venir a Sergude y, cuando no está, tiene «el personal necesario» para que lo cuiden en su ausencia.
El cariño que siente la familia por la Casa Grande se aprecia en sus rostros cuando hablan de ella. La madre incide en la «fortuna que supone conservar el pazo», pero pesa más el cariño y los recuerdos que guardan. El nuevo modelo de gestión, preservando las zonas privadas, supondrá un paso más en la conservación, que nunca es barata.
El pazo se abre desde ahora a las celebraciones particulares
Cuna de relevantes personajes, hunde sus raíces en 1674