
La diminuta Jamaica suma 62 medallas olímpicas en velocidad, una por cada 46.000 habitantes
11 ago 2012 . Actualizado a las 15:25 h.Una medalla olímpica por cada 46.000 habitantes. Es el ratio de la diminuta Jamaica, el paraíso de la velocidad que en las tres últimas grandes citas del atletismo se está saliendo del mapa: 11 en los Juegos de Pekín (seis de oro), 13 en el Mundial de Berlín (siete de oro) y en Londres, hasta el momento 10 (tres de oro). En total a lo largo de su historia 65 medallas. Todas menos tres pertenecen al sector de la velocidad.
¿Cuál es el secreto? Una mezcla de genética, planificación desde los colegios y cultura deportiva enfocada solo hacia el atletismo.
Porque los jamaicanos están especialmente dotados para las pruebas más rápidas en el tartán, pero después son moldeados para brillar en la pista.
El gen le viene de serie. El ya famoso ACTN3 que acelera las flexiones de los músculos más rápidos y que poseen el 75% de los ciudadanos de la isla según estudios científicos. La morfología tipo también ayuda. Altos, con un tren inferior imponente y con cuerpos robustos.
A estos aspectos se le une la alimentación. Usain Bolt, el más grande en todos los sentidos, no es el mejor ejemplo, pero la dieta tipo de la isla gira entorno al ñame, el plátano y la patata, alimentos ideales para desarrollar los músculos más importante de la velocidad.
A mayores está una climatología ideal para la disciplina con sol y altas temperaturas durante todo el año. Pero no todo es un regalo de la ubicación geográfica y de la historia de ocupación de la isla, primero por esclavos africanos y después por Inglaterra.
El punto de arranque del atletismo en el reducto caribeño fue la organización de un primer campeonato en 1910 pero la leyenda comenzó en realidad a escribirse en 1948 cuando Mackenley y Wint ganaron las primeras medallas en la metrópoli.
Desde entonces el atletismo jamaicano no ha parado de crecer. Pero tenía un grave problema, la fuga de talentos. Donovan Bailey, Ben Johnson o Linford Christie abandonaron la isla para ser campeones mundiales.
La solución a semejante sangría abarcó un triple frente. El primero, un giro en 1990 en el sistema de detención de talentos, que comienza en los propios colegios con un programa de la federación jamaicana y que tiene su punto álgido en las reuniones escolares de cada año en el estadio nacional de Kingston. El segundo, dotar a todos los pata negra de instalaciones dignas para entrenar con la construcción de un centro de alto rendimiento.
Y el tercero, incentivos económicos que evitasen la emigración en masa. Algunos de los atletas más relevantes de la actualidad como Shelly-Ann Fraser-Pryce, campeona mundial y olímpica del hectómetro, huyó de la pobreza a través del atletismo. Asafa Powell, el ex plusmarquista mundial, fue el primero en quedarse, y desde entonces, ninguno ha tenido la tentación de emigrar.
El círculo se redondeó en Kingston, la capital, con la implantación de clubes exclusivos para la élite. El más prestigioso bajo el sello de Glen Mills, considerado el gurú de la velocidad y que ya supera la centena de medallas en grandes citas. Bolt, Blake y el recién llegado Weir, son su punta de lanza. Y los más importante, la cantera parece no tener fin. La factoría funciona a pleno rendimiento.