El gran desafío de la obra social

Mario Beramendi Álvarez
mario beramendi SANTIAGO / LA VOZ

ECONOMÍA

Banesco tiene ante sí el reto de asumir el legado que gestiona una fundación que vive de sus ahorros y solo tiene fondos para 5 años

21 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Encogida por el centrifugado que desencadenó la reestructuración financiera, la obra social de las extintas cajas se halla ahora bajo la tutela de Novacaixagalicia, una fundación que vive de sus ahorros y que apenas cuenta con fondos para sostener durante cinco años un valioso legado. Su futuro ahora depende de Banesco, el comprador de NCG, un asunto que se ha visto algo solapado estos días por dos objetivos irrenunciables: mantener el empleo y conservar las sedes del banco.

Desde Vigo, el que será presidente de la nueva entidad, Javier Etcheverría, se mostraba ayer categórico para disipar dudas: «Apoyaremos con toda nuestra fuerza la obra social: conocemos la importancia de la labor realizada y vamos a seguir otorgándosela; beneficio no es solo ganar dinero».

El propio presidente Feijoo, el pasado miércoles por la noche, cuando se hizo oficial la decisión del FROB, ya se había referido al mantenimiento de la obra social como una de las ventajas que comportaba la venta de NCG al grupo venezolano. El asunto no es baladí: de Novacaixagalicia dependen ahora 250 puestos de trabajo, 12 centros de mayores, otros tantos socioculturales, seis colegios y un monte de piedad. Todo ello con un presupuesto que moverá 31 millones en el 2014, una cifra casi cinco veces inferior a la que manejaron Caixa Galicia y Caixanova para obra social en el año 2008.

El naufragio desencadenado por una incontrolada expansión inmobiliaria ha dejado estos restos, como una suerte de tesoro de incalculable valor. Su conservación es, para muchos, un objetivo irrenunciable en una comunidad muy envejecida, como la gallega, y necesitada más que nunca de la labor benéfica y filantrópica en un contexto de crisis y empobrecimiento. Con la perspectiva que otorga el tiempo, podrá valorarse mejor el impacto que ha tenido toda la reconversión financiera en el tejido social y cultural gallego. Pero sirvan como ejemplo algunos datos. Solo durante la década pasada, las extintas cajas llegaron a invertir en obra social mil millones de euros, un gastos que llegó a generar 17.000 empleos. Los centros socioculturales están valorados en 210 millones y, durante muchos años, gestionaron, directa o indirectamente, más de la mitad de las programaciones culturales de Galicia.

Los datos indican que, antes de la crisis, las dos cajas juntas movían incluso una inversión social superior a la del Fondo Social Europeo, la principal herramienta que maneja la UE para la cohesión.

Entre las lecciones que ha dejado esta crisis hay una que sobresale: jamás volverán aquellos años de descorche, en los que las dos cajas competían por exhibir mayor patrimonio y mecenazgo. Pero el reto de mantener lo actual y, sobre todo, dar valor a lo que está infrautilizado no es una empresa pequeña para los compradores de NCG. En Venezuela, Banesco tiene en marcha desde hace años su llamada «banca comunitaria», un servicio de financiación y atención a comunidades excluidas financieramente, y que, en cierto modo, se asemeja al papel que jugaban las antiguas cajas. Se centra en proyectos de emprendedores, vinculados a comunidades rurales, y con el objetivo de desarrollar las pequeñas economías locales. Lo hace a través de una red de oficinas específicas (26), y han llegado así a casi 275.000 clientes.