
La vieja sociedad ya no tiene tiempo para intentar volver a cotizar
29 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.La vieja Pescanova lanzó ayer un SOS a través de la CNMV. La sociedad en la que se han quedado los 9.000 accionistas, tras la entrada de la banca que ahora controla la compañía, se encuentra al borde de la extinción y así lo dejó patente en un hecho relevante en el que responsabiliza de su agónica situación a la nueva Pescanova capitaneada por Jacobo González-Robatto.
El consejo de administración de Pescanova S.A. (el viejo accionariado) comunicó el retraso al mes de julio de la convocatoria de su junta general, que tendría que haberse celebrado en abril o a principios de mayo, «al no haber presentado Nueva Pescanova sus cuentas auditadas del ejercicio 2015 a día de hoy».
Según fuentes de la antigua Pescanova, que representa un 20 % del capital de la nueva compañía, esta circunstancia hará que sus acciones «no tengan la oportunidad de volver a cotizar en la bolsa, ya que para ello se necesita que las cuentas estén auditadas, y tiempo suficiente para presentar la documentación necesaria para volver al parqué».
Las mismas fuentes consideran que Nueva Pescanova no quiere que la sociedad vuelva a cotizar antes del mes de agosto, fecha en la que la banca tiene programado ejecutar una ampliación de capital que diluirá a los 9.000 pequeños accionistas.
«No nos dará tiempo», asegura la vieja Pescanova, que cree que con los plazos que ahora se manejan, con unas cuentas que hasta junio no podrán ser auditadas, quedarán a merced de lo que la banca acreedora que controla el grupo quiera realizar con la facultad de dicha ampliación.
La sociedad explicó a la Comisión de Valores que pesan sobre ella cuatro riesgos. El más importante, y por la que viene protestando en los últimos meses, por el crédito súper sénior activado por la banca en condiciones «inusuales y excepcionalmente onerosas». En segundo lugar, que Nueva Pescanova valore sus negocios «significativamente por debajo de su valor razonable». En tercer lugar, que se actualice la deuda concursal con el posible efecto negativo sobre el patrimonio. El último de los riesgos apuntado es que los bancos acuerden con su mayoría ampliar capital.