Mauro Carrillo: «Nos afecta la despoblación del rural y el hecho de depender mucho de las recetas»
GALICIA

Mauro Carrillo es farmacéutico en Luíntra (Nogueira de Ramuín), a unos veinte kilómetros de la capital ourensana. También es el presidente de la Asociación de Farmacia Rural Galega (Asfarga), una entidad que se creó en el 2010, impulsada por los boticarios del rural de Lugo y Ourense para potenciar y defender sus intereses. Aunque la crisis está afectando a todo el sector, hay factores que hacen que las farmacias del rural se resientan más. «Sobre todo ha afectado el cambio de prescripción a moléculas mucho más baratas, lo que influye en la bajada de facturación. Pero la caída ha sido general por las limitaciones de la prescripción en general», explica Carrillo.
Las causas que inciden especialmente en los concellos pequeños están relacionadas con motivos demográficos y con el modelo de negocio de estos establecimientos. «Nos afecta el grado de despoblación de la gente en el rural y el hecho de depender mucho de las recetas. La carga de recetas es mucho mayor que en una ciudad en relación al volumen global», explica Carrillo. El presidente de Asfarga coincide con otros farmacéuticos en que quien lo está pasando peor son aquellos titulares de oficinas que compraron en el momento álgido «y ahora no les da para pagar el crédito».
La receta electrónica
Lo que en principio ha sido un avance en sanidad, reduciendo el trabajo burocrático de los médicos y evitando desplazamientos a los pacientes, se ha convertido en un problema para los farmacéuticos de zonas rurales. La receta electrónica, que permite prescribir los medicamentos al enfermo para un período de seis meses y evitarle por lo tanto que tenga que acudir al médico, les ha perjudicado porque el ciudadano acaba retirando los fármacos no en la farmacia del pueblo después de ir a su centro de salud -como hacía antes-, sino que lo hace en villas más grandes o en ciudades aprovechando que acude a hacer gestiones o compras.
El presidente de Asfarga asegura que pese a los problemas económicos «la cobertura de la farmacia está asegurada aún en los concellos gallegos del rural». Y es que el boticario es más que el profesional que dispensa medicamentos y realiza otras actividades inherentes a su profesión. La proximidad con el ciudadano lo convierte en un especialista «que da muchos consejos. Es el punto de referencia, sobre todo en localidades en las que no hay médico». Incluso en patologías menores en las que no es necesario acudir al centro de salud el farmacéutico se encarga de asesorar y dispensar medicamentos que no necesitan receta.
Más de 500 mayores por botica
En Galicia las farmacias del rural prestan un servicio esencial a la población más envejecida. En España hay una media de 383 mayores de 65 años por cada botica, una cifra que sube a 539 en la provincia de Lugo y a 530 en la de Ourense. No obstante, la provincia con más mayores por oficina es Vizcaya, con 547, y en Asturias se sitúa en los 535.