La osteoporosis se tratará en el futuro regenerando el hueso

Sara Carreira Piñeiro
Sara Carreira REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

Sanidad retira un fármaco de primera generación, la calcitonina

11 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

«La tendencia futura en el tratamiento de la osteoporosis es el uso de fármacos regeneradores de hueso, especialmente los inhibidores de la esclerostina». Lo dice el traumatólogo del Hospital Clínico de Santiago José Ramón Caeiro Rey, quien recalca que los medicamentos suspendidos ayer por Sanidad para evitar la pérdida de hueso son todos derivados de la calcitonina, y apenas se recetan hoy por hoy. El motivo no se debe al ligero aumento del riesgo de tumores vinculado a su uso prolongado -que alega Sanidad para su retirada-, sino a su escasa eficacia, especialmente comparados con otros fármacos. Este punto fue ratificado por ginecólogos consultados ayer.

Las calcitoninas -inhaladas o inyectables- son lo que se podría llamar un fármaco de primera generación en el tratamiento de la osteoporosis, porque tuvieron su época de éxito hace años pero enseguida se vio que no eran especialmente eficaces: evitaban en escasa medida nuevas fracturas en las vértebras, pero no en la cadera, que es uno de los puntos más delicados de las personas con esta enfermedad. Según la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (Aemps), la prescripción de las calcitoninas se va a limitar a partir de ahora a otro tipo de enfermedades -como la de Paget o en ciertos cánceres- , solo cuando «no se puedan utilizar otros tratamientos alternativos o estos hayan resultado ineficaces» y siempre «durante períodos cortos de tiempo a la dosis mínima eficaz».

Como en economía

Para los enfermos de osteoporosis se barajan otras alternativas terapéuticas. «La enfermedad -dice José Ramón Caeiro- se puede tratar de dos maneras muy parecidas a lo que ocurre ahora con los ajustes de economía: reduciendo los gastos de hueso o aumentando el ingreso de hueso». Del primer grupo de medicamentos funcionan muy bien los bifosfonatos, un conjunto de fármacos que son los más recomendados, y también tienen buena acogida los estrógenos. Del segundo grupo, llamados anabólicos, destacan el renelato de estroncio o los inhibidores de la esclerostina.

Lo importante, explica Caeiro es «encontrar el tratamiento que se adapte mejor a la paciente». Y sobre eso hay muchísimas opciones. La Consejería de Sanidad de Madrid editó un protocolo basado en algoritmos en el que se dividen a las mujeres en tres grandes grupos según la edad (menores de 60, de 60 a 75 y mayores de 75) y a partir de ahí se barajan otros factores de riesgo que se combinan entre sí: la predisposición familiar -si se ha dado un fractura de cadera en madre, padre o hermana-; los antecedentes personales de fractura a partir de los 50 años; el índice de masa corporal -es mayor el riesgo en las mujeres muy delgadas-; y la fractura vertebral morfométrica previa -disminución del 20 % de altura del cuerpo vertebral-. Una vez ponderados estos datos con la edad se establecen nuevas divisiones: riesgo leve, medio o alto de nuevas roturas, que es al final lo que se pretende evitar por todos los medios.

Según sea el balance de la paciente, se decide el tratamiento, desde establecer una terapia preventiva -dieta rica en vitamina D, ejercicio moderado y eliminar el tabaquismo- hasta hacer una densitometría ósea o, en último término, tomar medicamentos. De los cinco o seis tipos más habituales el facultativo tiene que elegir el que mejor se adapte a todas las características anteriores. Por supuesto, las revisiones periódicas son fundamentales para decidir mantener el tratamiento o variarlo.