Un estudio del King`s College relaciona el dibujo de una figura humana hecha a los cuatro años con la capacidad del niño diez años después
25 ago 2014 . Actualizado a las 09:45 h.¿Mi hijo tiene mucho potencial? Es una pregunta lógica y repetida entre los padres, sobre todo si tienen un solo descendiente y, por tanto, pocas posibilidades de comparación objetiva. Ahora, la doctora Rosalind Arden -investigadora del Instituto de Psiquiatría del King´s College de Londres, especialista en el impacto e interacción de genética y ambiente en el desarrollo- ha ideado una fórmula para poder responder a esta pregunta. Se trata de que un niño de cuatro años de edad dibuje una figura humana (que pinte a un niño, para que le sea más fácil) y en función del número de rasgos que plasme en el papel se puede saber en qué parámetros se mueve el pintor.
Las notas que estableció el equipo de Arden van de 0 a 12. Por ejemplo, pintar un «niño» con dos piernas, dos brazos, cuerpo y cabeza, pero sin rasgos, sería un 4 sobre 12. A partir de ahí, cada elemento que se incorpore hará subir la nota. En cambio, hacer un borrón es cero. Lo interesante no son tanto las proporciones, ni el realismo del dibujo, sino la inclusión de elementos que representan la humanidad del mismo.
Esta idea no es nueva, de hecho la prueba de la figura humana nació en los años 20, pero lo que Arden y su equipo han demostrado es que tiene una correlación directa con el desarrollo intelectual del mismo menor diez años después, a los 14, y lo hicieron analizando a gemelos. El experimento consistió en hacer pruebas de madurez e inteligencia a 7.752 pares de gemelos y mellizos (15.504 niños) y relacionar los resultados a los 4 años con los de los 14. No solo conectaron ambos resultados, sino que detectaron un componente genético, porque los gemelos (idénticos) tuvieron resultados mucho más parecidos que los mellizos (diferentes como cualquier hermano pero con una educación prácticamente idéntica).
Correlación positiva
La correlación fue, sobre todo, positiva: un niño que dibuje a un igual con muchos rasgos -nariz, boca, ojos...- garantiza poseer una capacidad de observación y de abstracción excelente y eso le facilitará el aprendizaje; si el crío pone pocos elementos hay que analizar al menor en su conjunto antes de considerar un problema; sin embargo, si el cativo hace un borrón inexplicable -no está enfadado, ni tiene un problema en el entorno- entonces sí puede indicar algún problema de madurez.
El psicólogo clínico de la unidad infantojuvenil del Chuac Manuel Fernández Blanco lo explica: «A los cuatro años un niño tiene la capacidad para percibir y plasmar la figura humana. Por eso, esta deducción del King?s College tiene lógica, y puede ser muy útil, pero siempre debe compararse con la observación clínica del niño. Si hace un dibujo con carencias no tiene por qué deberse a una limitación intelectual, sino que puede tener otros problemas, incluso psicológicos, o simplemente ser muy impulsivo y querer terminar cuanto antes, o carecer completamente de capacidad artística. No indica forzosamente que el niño carezca de potencial».
Muchos factores en juego
El trabajo, que se publicó en Psychological Science, recalca precisamente este valor relativo de la prueba: «La correlación es moderada -dice Arden en la web del King`s College-, por lo que nuestros resultados son interesantes, pero eso no significa que los padres deban preocuparse si su niño dibuja mal. La capacidad de dibujar no determina la inteligencia, hay un sinnúmero de factores, tanto genéticos como ambientales, que afectan a la inteligencia en la vida adulta».
Pero eso, dice Fernández Blanco, no le resta utilidad a la prueba; y en ambos sentidos: «Si bien un dibujo excesivamente pobre sí apunta a un menor nivel de madurez, otro con una proliferación obsesiva de los detalles, o que no deje ningún espacio sin cubrir, también puede indicar algún comportamiento obsesivo. Y en el caso de un niño que habla bien (para su edad) pero hace un dibujo muy limitado nos puede poner sobre la pista de algo, porque es un resultado disonante».