
Las entidades que defienden a los sintecho se quejan del intento del BNG de expulsarlos de la plaza de la Princesa: «Están en la calle a la fuerza y lo que necesitan es ayuda»
24 jun 2012 . Actualizado a las 22:26 h.El portavoz del Bloque en el Concello, Santiago Domínguez, abrió el miércoles la caja de los truenos, quizás sin saberlo: pidió que se aplicara en la plaza de la Princesa y otros lugares la ordenanza antibotellón, como fórmula para expulsar de allí a los indigentes. Esta singular propuesta, recibida con absoluto silencio por parte de la oposición popular y con el rechazo explícito del alcalde, se producía al día siguiente de un que un sintecho falleciera por la noche en un banco de la Alameda. Ayer el portavoz de la asociación El Imán, que lleva años respaldando a los indigentes, reclamaba mesura al líder nacionalista.
«Santiago Domínguez ha defendido, con acierto, la reforma y rehabilitación del Casco Vello. Insiste tanto en el bus eléctrico, conocido como busiño, con los Coidadores de barrio y demás, y está bien, pero no entendemos su propuesta con los indigentes», afirma Antón Bouzas, un auténtico experto después de años dedicado a luchar por los marginados entre los marginados.
«Es improcedente hablar en los términos en los que él lo hace, y más en tiempos de tanta crisis y de tanta pobreza en la ciudad. Esto implica estigmatizar a estas poblaciones y que tengan todavía peor fama». Su análisis es bien sencillo: «Están en la calle porque no tienen más remedio y, por tanto, son vecinos del Casco Vello. Están allí, viven allí, y pernoctan. Lo que tenemos que hacer es ofrecerles recursos suficientes para que salgan de su situación de exclusión».
Bouzas se olvida de un dato clave. Los sintecho recalaron meses atrás en la plaza de la Princesa expulsados de la plaza de Chao, también en el barrio histórico. Allí se aplicó la ordenanza antibotellón y tuvieron que buscar nuevos aires. En otras palabras, que si ocurre lo mismo en la plaza de la Princesa no se desintegrarán, sino que tendrán que buscar un nuevo lugar donde establecerse.
Obviamente, eso no preocupa mucho a los comerciantes y hosteleros del Casco Vello, que padecen ahora y desde hace meses la situación creada por un colectivo al que nadie desea tener demasiado cerca.
Baño público
«Crean un problema de imagen, pero no solo eso, también provocan incidentes, beben, se drogan y se pelean. El otro día uno intentó suicidarse o al menos se cortó una vena y allí estaba lleno de sangre...», relata un portavoz de este colectivo. Y no para. «También hace unos días otro de ellos se bañó en ropa interior en la fuente de la plaza. Es una situación insostenible y la padecen de manera directa, los que tienen locales en esa plaza, están desesperados por el bajón de su clientela».
Es un análisis que seguramente le han expuesto a Santiago Domínguez pero, curiosamente, aunque coincidan en el diagnóstico no lo hacen en el tratamiento que debería aplicarse. «¿Ordenanza antibotellón en la plaza y en más zonas del barrio?, ni mucho menos», se preguntan y se responden los hosteleros. «Ello implicaría nuevas restricciones para los bares y son ciento y pico en el Casco Vello. Para nada».
A modo de sugerencia, aventura algunas posibles medidas que no irían en contra de los derechos de nadie y que podrían ser efectivas. De hecho, a la chita callando ya se aplicaron años atrás, en tiempos de Corina Porro en la alcaldía. «Si se retiran los bancos, que como todos precisan mantenimiento, y se clausura la fuente, seguro que allí no están a gusto y se irían. Pero claro, también tendrían que tener prohibido sentarse e instalarse en las escaleras de la Casa Galega da Cultura, y eso, sinceramente, no sé como se puede hacer. Ni idea».
Solución nada mágica
En este contexto el inicio de la senda de la posible solución vendría de la puesta en marcha del Centro de Inclusión Social, prometido por el Concello desde hace años y que no termina de llegar. Para Antón Bouzas sería un paso importante, pero falta por ver que tuviera consecuencias inmediatas.
El portavoz de El Imán, es tajante en la cuestión de derechos. «Domínguez debe reflexionar: los ciudadanos que están allí son como los demás; por tanto, si incumplen la ley o alguna norma, se puede intervenir con los medios previstos y con la policía, pero en caso contrario, no».
Acepta, por supuesto, que en el colectivo hay personas con adicción al alcohol o a otras drogas e incluso con trastornos mentales «por lo que lo adecuado es derivarlos hacia los servicios sociales. También es importante el programa Sereos, donde se les facilitan bebidas calientes, y que es un servicio que ha ido creciendo y atiende a más de 200 usuarios por día».
Defiende calurosamente las ventajas de contar con el centro de emergencia «pues ahora están acogidos de noche y de esta forma tendrían la opción diurna, además de personas especializadas para atenderlos. Lo cierto es que en algún lado tienen que estar y las plazas y las calles son su lugar de encuentro».
Es una solución a medio plazo mientras los comerciantes la quieren ya. El BNG apuntó una rompedora y Caballero la veta, pero algo tendrá que hacer.