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Temor en la plaza de la Princesa ante el creciente deterioro social

María Jesús Fuente Decimavilla
maría jesús fuente VIGO / LA VOZ

VIGO

Oscar Vazquez

Empleados de los negocios abandonan al no poder soportar la presión

21 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Reyertas, robos, amenazas, destrozos, venta de droga y, en general, desorden público.... Son solo algunas de las circunstancias que tienen que soportar a diario vecinos y negocios de la céntrica plaza de la Princesa. El creciente deterioro de este espacio no solo amedrenta a la población del entorno, sino que ahuyenta a los clientes de los establecimientos y ha llegado incluso a provocar bajas y abandonos entre los empleados al ser incapaces de soportar la presión.

Los afectados han recogido firmas y denunciado los hechos en sucesivas ocasiones ante el Ayuntamiento y la respuesta ha sido siempre que está en vías de solución. De momento, la única que han visto es la policial. Cada vez que requieren la presencia de los agentes, estos aparecen con dos o tres vehículos que aparcan en medio de la plaza y ahuyentan más a la clientela que a los protagonistas de las peleas.

Lejos de mejorar, la inseguridad se acrecienta. Eso, al margen de la imagen, según comenta el responsable de un negocio que prefiere no identificarse por temor a represalias: «Se pegan entre ellos con palos, se bañan en la fuente, orinan en plena plaza». Le parece increíble que con lo que cuesta en la actualidad tener abierto al público un establecimiento, tengan que enfrentarse a estas situaciones y trabajar con miedo. Tiene claro que si no se encuentra una solución es que algo falla.

La Asociación de Vecinos del Casco Vello ha trasladado el problema a la Policía Nacional y al Concello. «Somos conscientes do que pasa e nótase un repunte; onte pasei por alí e había vinte, máis do habitual; antes eran seis ou sete; moitos son alcohólicos e ponsen violentos», explica el presidente, Cándido Pérez.

El alcalde respondió hace un mes a la asociación que no tiene por qué preocuparse, porque los servicios sociales están en vías de resolver este asunto. Entre las soluciones que se barajan figura el cambio de ubicación de algunos servicios que se prestan en la zona, como es el caso de Sereos, donde se ofrece asesoramiento a personas drogodependientes y un tentempié a los ciudadanos sin recursos. Con los años, la estancia, de reducidas dimensiones, se ha convertido en un cajón de sastre, lo que ha provocado la masificación de usuarios.

La misma respuesta obtuvo también hace un mes de los responsables municipales la Asociación de Comerciantes y Empresarios Vigo Vello tras denunciar los hechos. Su presidenta, Itos Domínguez, admite que es el problema más grave que en este momento tiene el Casco Vello, junto con el de las personas que publicitan los restaurantes, algunas de las cuales llegan a acosar a los turistas, según Domínguez.

En opinión de los vecinos, una solución para la plaza de la Princesa podría ser declararla zona acústicamente saturada, como se ha hecho en otras calles del Casco Vello, lo que impediría beber en la calle y al menos evitaría las peleas. En ciudades como Barcelona, donde existían espacios urbanos con el mismo problema, la solución llegó con la dinamización a base de actividades sociales y culturales que absorbieron el mal ambiente.

Tanto residentes como propietarios de negocios dejan claro que el remedio no debe pasar por expulsar a las personas que causan desordenes públicos, sin buscar una solución.

La apertura de un albergue o centro de inserción social no resultó la panacea para solucionar el problema de la indigencia y facilitar una salida social. Entre las quejas más habituales de las personas sin techo están la cantidad de requisitos que les exigen para permanecer en las dependencias y el límite de permanencia. Advierten que si están en la calle no es por gusto.