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Un libro repasa el epistolario entre Filgueira y Otero Pedrayo a lo largo de cincuenta años

CULTURA

María Jesús Fortes compiló 300 cartas entre ambos intelectuales

22 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El 4 de enero de 1927 Filgueira Valverde escribe una carta a Otero Pedrayo para solicitarle un trabajo para el Seminario de Estudos Galegos. Esta es la primera misiva con la que comienza el Epistolario de Xosé Filgueira y Ramón Otero Pedrayo, un libro que reúne las cerca de trescientas cartas que ambos intelectuales se remitieron a lo largo de cincuenta años y que se conservan, respectivamente, en el Museo Provincial de Pontevedra y la Fundación Penzol de Vigo. La última, escrita por Otero en 1976, sirve al autor para presentar al pontevedrés al pintor Corral Díaz, que iba a exponer en la ciudad del Lérez.

La correspondencia fue recopilada y transcrita por la archivera del Museo Provincial, María Jesús Fortes Alén, que destaca «el profundo respeto y la admiración mutua que ambos se profesaban, incluso por parte de Otero que era el mayor y teóricamente era el maestro y que en algunas ocasiones dice estar sorprendido por lo que le enseña Filgueira».

Relación afectuosa

Las cartas, añade, «muestran una relación muy afectuosa» y abordan múltiples temas, desde los de índole personal, como pueden ser las felicitaciones navideñas o por celebraciones familiares, como los nacimientos de los hijos de Filgueira, a otras sobre la intensa actividad cultural que ambos desarrollaron, incluyendo trabajos en común, como el Estudio de la historia de Galicia. Fortes cita, por ejemplo, una muy curiosa en la que Otero declina la invitación de Filgueira para ocuparse de la zona geográfica de O Morrazo en las xeiras (excursiones de carácter científico) que él quería recuperar para el Seminario tras la Guerra Civil. «Le contesta con un poema que es una preciosidad», apunta la autora.

En otra de las misivas, Otero Pedrayo le cuenta el accidente automovilístico que sufrió con su mujer el día en que iba a entrar en la Real Academia Galega, motivo por el que se tuvo que retrasar unos días el acto de ingreso. «Tuvo que asistir un poco maltrecho», añade Fortes.

Menos referencias existen a temas políticos, a excepción por ejemplo, de los mítines que cuentan que iban a organizar con motivo del Estatuto de Autonomía. En los años cincuenta, Otero Pedrayo también le escribe apesadumbrado a Filgueira por el estado de salud de Castelao. Fortes percibe que a nivel más personal «se nota esa carencia que tenía Otero Pedrayo de no haber tenido hijos». «Siempre se despedía de Filgueira -señala- dándole felicitaciones por ese gromo de fillos, esa agromada... Es muy tierno, tiene una forma de dirigirse a ellos muy amable y cariñosa. Creo que Otero tenía como esa pena porque era una persona muy familiar. Y en las cartas también cita ese árbol que su padre había plantado en Trasalba cuando él nació, al que llamaba su hermano. Cuando un temporal en el 72 lo derribó estuvo apenadísimo porque había caído».

La presentación del volumen, que se acompaña de retratos familiares y fotografías de los actos que se citan, sirvió ayer para clausurar el centenario de Filgueira. De hecho, la idea de publicar el libro surgió a raíz de la clasificación de la correspondencia del pontevedrés que custodia el Museo y que el polígrafo mantuvo con las principales personalidades de la cultura gallega. «Esta era la más prolongada en el tiempo por eso decidimos empezar con Otero Pedrayo, pero creo que sería interesante publicar las cartas con Sánchez Cantón. Les unía una amistad fuerte e intensa y sus contactos en distintas instituciones en Madrid fueron muy beneficiosos para el desarrollo del Museo», añade Fortes.