Siento mucho no poder asistir hoy a la entrega del Premio Fernández Latorre a Francisco Vázquez, un gran amigo y una persona ejemplar a la que yo siempre he tenido como guía. Gracias a su inmensa labor, los coruñeses volvimos a estar en el mapa del mundo con una ciudad que recuperó su belleza, su historia centenaria y su orgullo. Los coruñeses, como los amalfitanos, podemos repetir aquellos versos que escribió Renato Fucini: «El día del juicio, cuando lleguemos al paraíso, será un día más como tantos otros». Y eso se lo debemos a nuestro mejor alcalde. Él nos devolvió el mar, nuestro gran patrimonio.
El alcalde Vázquez llenó nuestra querida urbe de infraestructuras y de dotaciones culturales envidiables. El Museo de la Ciencia o que la torre de Hércules sea hoy patrimonio de la humanidad también se debe a sus preocupaciones.
Como embajador en Roma cerca de la Santa Sede está demostrando una capacidad diplomática extraordinaria. Yo mismo pude comprobar el aprecio y la admiración que las más altas autoridades italianas y vaticanas le tienen. En fin, todo lo que toca lo transforma en un bien para el engrandecimiento de sus conciudadanos coruñeses, gallegos y españoles. Nuestro país necesitaría más políticos como él: preparados, competentes, trabajadores, sensatos y siempre fieles a sus ideas.
En Nápoles, en la centenaria iglesia de San Lorenzo Maggiore, en la actual Sala Sixto V, donde desde antiguo se reunía el Parlamento de la ciudad, en los techos hay unos maravillosos frescos que ilustran las virtudes que un buen político debía tener: perseverancia, madurez, constancia, firmeza, gravedad, agradecimiento, cortesía, gracia, benignidad, afabilidad, mansedumbre, paz, misericordia, caridad, clemencia, honor, gloria, felicidad, liberalidad, magnificencia, nobleza, victoria, valor, orden, magnanimidad, buena fortuna, consejo, vigilancia, sabiduría, providencia, templanza, justicia, fortaleza, prudencia y autoridad. De todas ellas dispone nuestro homenajeado en abundancia. Tanta que podría repartir entre otros políticos menesterosos.
Francisco Vázquez ha seguido fielmente la estirpe intelectual y política de los Salvador de Madariaga o Santiago Casares Quiroga: progresistas, europeístas, compitiendo en el mundo sin complejos. Durante los años en los que me he dedicado al servicio público siempre lo tuve como un ejemplo y un faro. Por eso hoy quiero compartir con vosotros esta inmensa alegría.
Se premia a un gran humanista del que todos nos sentimos deudores y agradecidos. Y el honor que se le hace también engrandece a quienes se lo otorgan.
Felicitémonos por haber compartido nuestras vidas con personas como Francisco Vázquez, ya en la historia de nuestra ciudad, ya en la historia de nuestro país.
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