Iba para profesor de inglés y terminó abriendo un negocio de arte
18 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Lo suyo con el arte fue como un flechazo amoroso, una pasión repentina que descubrió cuando cursaba COU y ya tenía en la cabeza aprovechar su facilidad para los idiomas y hacer Filología Inglesa. Un profesor de Maristas le descubrió esa faceta que, con el tiempo, acabó convirtiendo en su modo de vida. Pero no como pintor o escultor -aunque confiesa que hizo sus pinitos, también reconoce que no es un artista sobresaliente- sino como empresario. Lo hizo con 27 años, en plena crisis y eligiendo Ourense para montar la galería que lleva su nombre.
-¿Cuándo vio claro que esa pasión por el arte podía convertirse en negocio?
-En principio, cuando estaba haciendo la licenciatura de Historia del Arte, mi objetivo era la enseñanza, pero luego cambié de idea. Empecé a trabajar en un museo como catalogador y me di cuenta de que con la enseñanza me iba a estancar y yo quería crecer, no tener un límite prefijado. Empecé a sentirme cómodo gestionando y montando exposiciones; me gustaba y se me daba bien relacionarme con artistas y estar entre pinturas.
-¿Tuvo que escuchar muchas veces que abrir un local de arte en estos tiempos y en una ciudad pequeña era una locura?
-Bastantes, la verdad. Tampoco lo consulté con mucha gente, pero incluso a mi familia le costó entenderlo, les parecía un negocio raro. Aunque yo creo que en el fondo tampoco les sorprendió demasiado porque les pegaba con mi carácter.
-¿Y no se ha arrepentido?
-No, aunque he tenido momentos bajos porque aprendí sobre la marcha y a base de palos muchas veces, pero como dice una frase que me encanta de Baltasar Gracián: «La necesidad agudiza el ingenio».
-Qué le cuesta más: ¿convencer a un artista para exponer aquí o al público para que venga?
-Con algún artista aún cuesta, porque además los galeristas estamos bastante demonizados y todavía se nos ve como alguien que va a chupar la sangre de los artistas. Conciben lo de pagar como un gasto y no como una inversión. Nosotros ofrecemos un servicio que no es sólo ceder un espacio, sino un trabajo de divulgación, la crítica, mover la obra... y cobramos por ello. Es como para asistir a una feria , que tienes que pagar por el espacio que ocupas, o cuando un grupo musical va a grabar un disco y paga al estudio. En cuanto al público, algo que decepciona es cuando montas una exposición con una ilusión infinita y luego ves que no responde como esperabas.
-¿Y lo mejor?
-La fidelización de los clientes, que además no es fácil y hay que trabajarla muchísimo. Reconforta ver que hay gente que entró aquí por primera vez en 2008 y sigue viniendo. Tienen mérito porque yo admito que aunque el arte es importante, no es imprescindible, y en tiempos como estos suele verse como algo superfluo.
-¿La crisis ha hecho aumentar el trabajo como tasador?
-Sí se nota que hay más gente que quiere vender, incluso algunos a toda costa, pero hay que diferenciar porque hay distintos tipos de tasación. El simple informe del precio del mercado, o los que necesitan un documento más completo, bien porque hay una disposición legal de por medio, como puede ser una separación de bienes u otra disposición judicial, o los que quieren llevar obra a subasta.
Nació hace 30 años en Ourense. Es licenciado en Historia del Arte, además es perito y tasador. En mayo del 2008 abrió su galería en la calle Doctor Marañón 19 de la capital.
La fotografía es otra de sus grandes pasiones, junto con la literatura -tanto desde la faceta de lector como en la de escritor- y el cine.