Manuel Fontán acude cada día al comedor desde hace quince años. Asunción solo lleva cinco días. Pero ambos coinciden al destacar el trato y la comida que les dispensan en San Francisco. «Mucho mejor que la Cocina Económica de A Coruña», mantiene Asunción, oriunda de la ciudad herculina, que acaba de llegar a Pontevedra con su compañero en busca de trabajo.
Manuel quedó discapacitado en los noventa a causa de un atropello. Vive en su casa, afortunadamente sin hipoteca, pero la pensión no contributiva que cobra no le da para comer. «Me gustaría dejarlo -señala-, claro, pero tal y como están las cosas y como se avecinan...». Aunque reconoce que dentro del comedor «cada uno va a lo suyo» y no se establecen grandes relaciones, destaca que la crisis ha traído nuevos comensales a San Francisco. «Gente que antes se defendía bien, ahora tiene que venir a estos sitios».