Gonzalo Diéguez subraya que está encantado en esta ciudad (ha vivido en Roma, Salamanca o Santiago) y destaca que el fuerte de la institución que ahora coordina es la colaboración de los pontevedreses. «La gente aquí es sumamente solidaria y ve esta obra con interés, tienen conciencia de lo que significa -apunta-. He estado en otras ciudades y en alguna, si pusiéramos el comedor, sería un desastre mantenerlo».
El cepillo es la principal fuente de ingresos para mantener el servicio. Y en este sentido, Diéguez agradece el apoyo de los feligreses. En San Francisco hay misas dominicales a las que han llegado a asistir hasta dos mil personas. El apoyo de las empresas a la hora de surtir alimentos es también fundamental. A este respecto, el fraile cita la colaboración de Froiz, del mercado de abastos, «que muchas veces nos dan el pescado fresco que no han vendido en el día», y de las confiterías. «Todos los días tenemos pasteles, que les servimos con el café o el colacao», señala.
El franciscano explica que muchos de los usuarios llegan en grupo y gustan de sentarse juntos para comer. Pero en general, no son muy dados a contar las experiencias que les han llevado a su situación. «Muchos ven a la sociedad como enemiga, pero afortunadamente, desde que estoy aquí puedo decir que nunca hemos tenido un problema grave de enfrentamiento entre ellos. Aquí no pedimos nada para entrar; lo único que se pide es respeto a los demás y a la institución. Si se produce algún problema, intentas calmar la situación, siempre desde el cariño y la comprensión».