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«Monté la UMAD contra la opinión de mis propios compañeros»

X. M. Cambeiro

A CORUÑA CIUDAD

Un pionero de la acupuntura que presidió la S.D. Compostela y ejerce como el mayor hotelero de Galicia

15 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Las casualidades existen, y una de ellas hizo que José Manuel Mayán naciese en A Coruña. Su padre era militar y llevó a su señora a dar a luz al Hospital Militar herculino. Unas horas allí, y a Serra de Outes, al seno familiar. A los cinco años, José Manuel se instaló con sus progenitores en el número 19 de la rúa del Franco. Desde el restaurante Rosalía, en donde desgrana sus recuerdos, ojea melancólico las galerías abandonadas del tercer piso de su infancia. En la plazuela cercana jugaba a las bolas y el trompo, y los dueños del viejo Ribadavia le ofrecían tapitas de pulpo. Se fraguó ahí el rincón de este compostelano que se siente «ciudadano del mundo».

Alguna pizca de vocación eclesiástica que se creyó ver en el niño le encaminó al Seminario Menor de Belvís. El torno del comedor le devolvió a casa. Los mayores le ponían a menudo en el armazón giratorio y le daban la vuelta. Al otro lado, las monjas le cubrían de natillas, pastas y viandas que no estaba acostumbrado a ingerir en su casa. Seis meses después, enfermo, se secaron las últimas gotas vocacionales de José Manuel, que rápidamente enfiló el camino del Peleteiro. Había errado de camino. Lo suyo no era la cura de almas, sino de cuerpos. Y de ahí no se apeó, pese a despistarse varias veces en las clases de Anatomía, como otros colegas estudiantes, y aparecer sentado en un aula de Geografía e Historia. «Es que ahí estaban las mejores niñas de la Universidad», argumenta. Se despistó durante un mes seguido, hasta que alguno de sus condiscípulos tuvo problemas (quedó boquiabierto cuando le preguntaron la lección) y Mayán retornó a la otra aula de Anatomía. Pero continuó ligando sin piedad con las chicas de Geografía e Historia en los bailes del Hotel Compostela.

En tercero de carrera el futuro médico ya se movía con su bata blanca por los recintos hospitalarios, en régimen interno. Y logró la especialidad de Anestesia, Reanimación y Dolor a caballo entre el hospital viejo y el nuevo. Fue entonces cuando, con el dolor de los pacientes golpeándole los tímpanos (no había una unidad del dolor como hoy), se familiarizó con una cosa rara que se llamaba acupuntura y a acribillar con agujas a numerosos compostelanos, sin caerles necesariamente mal. Se atrevió a dirigir los primeros cursos de esta disciplina, hoy muy extendida, en la Universidad de Granada: «Fui pionero en España en acupuntura desde el punto de vista docente y universitario».

Tras la titularidad de Geriatría Universitaria, compaginó la la clínica privada con la Universidad, ya como catedrático de esa disciplina.

Raxoi le abrió sus puertas en el año 86. Un día la sesera política le dio por crear una UMAD. El «estás loco» de turno salió al unísono de labios de sus propios compañeros de gobierno y oposición. «Pensaban que todos los drogadictos del mundo se iban a concentrar en Santiago», dice. Siguió embistiendo la idea, como el sacristán famoso, contra la opinión de su grupo, y Pilar Bermejo tomó posesión como directora de la Unidad de Drogodependientes. «Me alegro de la trayectoria que ha tenido este servicio», respira.

Reclutamiento

Montó la policía verde, a la que terminarían arrancándole las alas con el tiempo, y en los carteles se leyó por primer vez eso de Congreso Municipal de Medio Ambiente. «De aquella hablar de eso era como hablar de Marte», confiesa. Tenía a su cargo la oficina municipal de reclutamiento con expedientes de lo más extraño y variopinto: «Creo que nunca supe lo que firmé».

Cierto día adquirió una caravana y, acompañado de un policía y dos trabajadoras municipales, se dedicó a recorrer las parroquias. Tan pintoresca estampa escondía un objetivo: si la periferia no podía ir a Raxoi, Raxoi iría a la periferia.

Mayán le suena a muchos adultos por llevar a sus espaldas la S.D. Compostela durante ocho años. Como presidente del club lanzó una iniciativa inédita hasta entonces en un césped gallego: el preparador físico. ¿Pero en cuántas cosas fue pionero este hombre? Citemos: la primera especialidad en gerontología social, programa universitario (cuarto ciclo), de formación de mayores, orientación deportiva para niños y varias patentes y propiedades intelectuales.

Curiosamente, Mayán Santos ejerce hoy como el hotelero más grande de Galicia, con más de 1.300 habitaciones a su cargo. Podía hacerse un hombre acaudalado con ese número de plazas, si no fuese porque se trata de uno de sus protectorados como vicerrector de la Universidad. Su misión es alojar a esos divinos tesoros que aún merodean por los campus de Santiago. En estos momentos, Mayán anda a vueltas también con la dieta atlántica, bajo la égida del rector, y también aquí encaja una vez más la palabra «pionera», adjudicada a la Universidad.

El discente que un día fue el doctor Mayán es ahora el joven universitario cuya mejora social está, o debe estar, en su agenda cotidiana. Y en un marco ciudadano que muy poco tiene que ver ya con su época juvenil. «La diversión habitual que teníamos entonces si llovía era pasear por las calles de arriba a abajo». Muy festivo, ¿y si no llovía? «Paseábamos por la Alameda». También veía embobado, entre decenas de caras embobadas, los resultados de los partidos de fútbol en las pantallas callejeras. En blanco y negro.