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La velocidad del casco urbano se limitará a 20, 30 y 40 y solo se dejará la de 50 en los accesos

La Voz

SANTIAGO

12 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

La entrada en funcionamiento el próximo lunes del servicio de alquiler de bicicletas llevará pareja una nueva ordenación en las velocidades máximas en la ciudad, que la Xunta de Goberno aprobará en la sesión de esa misma jornada. Se trata de facilitar la convivencia entre vehículos y bicicletas en una ciudad que carece de espacios exclusivos para el desplazamiento sobre pedales y de posibilidades de generarlos, salvo en las urbanizaciones que vayan surgiendo con el desarrollo del nuevo planeamiento.

El criterio general es que la velocidad máxima en el casco urbano no supere los 30 kilómetros, mientras que el límite de 40 se dejará para dos viales y el de 50 para las travesías de acceso a la ciudad y para la avenida de Lugo, Romero Donallo y Amor Ruibal. El resto se ordenará con velocidades de 10, 20, 30 y 40 kilómetros.

De 10 solo habrá una, el céntrico callejón de As Trompas, un vial estrecho y en pendiente por donde salen buena parte de los alumnos del colegio Compañía de María y que ya tiene ese máximo. El límite de 20 será el genérico para el casco viejo, mientras que el de 30 se establecerá en el Ensanche y prácticamente para el resto del casco urbano, con la excepción de Salvadas, la avenida Castelao (en el tramo comprendido entre Vista Alegre y el Burgo) y Xoán XXIII, en el sentido de entrada entre la plaza de la Paz y el Burgo. En estos viales se podrá circular a 40. Esos límites de velocidad se extenderán a las calles de los recorridos de las especificadas en las ordenanzas y sus entornos.

En la zona monumental poco afectará esta reordenación. Las calles que admiten tráfico dentro de la almendra ya tenían ese límite y los 20 kilómetros por hora será la velocidad máxima para la zona monumental que queda comprendida entre Virxe da Cerca, Rodas, Xoán XXIII, Costa de San Francisco, Entrerríos, Galeras, Pombal, Campo da Estrela, Senra y Fonte de Santo Antonio. Pero también será la de referencia para el tramo de Xoán XXIII entre la avenida del Burgo y San Francisco (establecida hace ya unos años), Hospitalillo, Loureiros, Costa de San Francisco, Trindade, Carretas, Hortas y San Pedro, así como para las calles Berna, Atenas y Praga, estas tres últimas en Fontiñas.

La mayoría, a 30

Aunque en buena parte del Ensanche y otras zonas de la ciudad ya no se puede circular a más de 30, los ciudadanos tendrán que adaptarse a ese límite en otros viales. En este grupo ya están o estarán en total unas ochentas calles del centro. Desde Virxe da Cerca (ya es su límite actual) a Rodas, Senra, Pombal, Pelamios, Morón, Carballo Calero, Galeras, avenida del Burgo, Vista Alegre, Santa Isabel, Casas Novas, avenida de Coimbra, San Roque, Basquiños, Xoán XXIII (en sentido ascendente desde el Burgo hasta la plaza de la Paz), Valle Inclán, Concheiros, el interior de Fontiñas salvo las tres con mayor limitación, Sar, Castrón Douro, San Lourenzo, avenidas de A Coruña y As Ciencias, así como el resto del campus sur y la parte del Ensanche que toca más con la zona de Sar. Incluye también el tramo del Hórreo desde la avenida de Lugo hasta la plaza de Galicia, Xoán Carlos I y Rosalía de Castro desde Xoán Carlos I hasta la plaza de Vigo.

El máximo de 50 quedará para las entradas a la ciudad que coinciden con las antiguas travesías. Ese será el referente tope para la carretera de Santa Comba, Romaño, la carretera de A Coruña, Rodríguez de Viguri, parte de la avenida del Camiño Francés, avenida de Lugo, Hórreo (frente de la estación), Clara Campoamor, Romero Donallo, Amor Ruibal, Restollal, Mestre Mateo, Victoria Míguez, Rosalía de Castro, Choupana y Torrente.

Los criterios para fijar los nuevos límites han atendido al uso y las características de cada calle, según el alcalde, quien sostiene que las ciudades tienen que potenciar el uso peatonal, el transporte público y medios como las bicicletas, «e cada vez máis os vehículos privados terán que ir cedendo». Para Bugallo, esa progresión «é inevitable», aunque la diferencia entre unas urbes y otras será el ritmo con que se vaya aplicando. En Santiago dice que se empezó hace tiempo, con la peatonalización del casco viejo y luego con el Ensanche.