Antes de llegar a Galicia Desiré Kouakou vivió algunas temporadas en ciudades grandes de España, como Sevilla o Madrid. En ningún sitio dice haber tenido problemas por el color de su piel. «Se nota diferencia -asegura- entre las ciudades grandes y la zona rural gallega, donde estoy ahora, la gente es diferente y en los pueblos choca más el que llegue alguien de otra raza». Él en Galicia se siente uno más, pero reconoce que la casulla hace mucho . «Yo la verdad es que el racismo no lo he notado, pero, claro, es que soy el cura, y me consta, como dicen aquí, que haberlo hailo y no es lo mismo que llegues vendiendo cedés que que vengas a hacerte cargo de la parroquia»
El sacerdote está encantado con sus feligreses y no pierde ocasión de hablarles de su país, Costa de Marfil, al que lleva dos años sin ir, aunque sigue manteniendo un contacto muy estrecho. En la actualidad sigue con preocupación el difícil escenario que han dejado los duros enfrentamientos entre los partidarios del presidente saliente Laurent Gbagbo y el nuevo mandatario salido de las urnas Alassane Ouattara. «Lo que ha pasado en mi país durante los últimos cinco meses es la prueba palpable de que a la democracia en Costa de Marfil y en general en todo el continente africano le queda todavía mucho camino que recorrer. También queda claro que el país está pendiente de construir y que esto solo se puede hacer mediante la educación».
Desiré matiza sus palabras e insiste continuamente en la importancia de la formación como uno de los pilares básicos sobre los que se debe sostener el futuro de los marfileños. «En países como el nuestro, donde la tasa de analfabetismo ronda el 40%, es muy difícil establecer un sistema democrático que funcione. Hay que reconstruir el sistema educativo inculcando la satisfacción del trabajo bien hecho. Hay que reconstruir la mentalidad de los políticos, es decir, que ellos también aprendan que ser políticos es para el servicio del pueblo y no para ellos mismos, su familia y su clan».
El párroco considera que es bueno que los gallegos conozcan otras realidades, «porque, cuando les hablas, notas que aprecian más lo que tenéis aquí», y, además, intenta también que entiendan que los países europeos sí pueden poner su grano de arena apostando por la universidad y la investigación en Costa de Marfil. «Lo único que tenemos es materia prima pero no sabemos ni fabricar una aspirina. Solo formando a la gente podemos romper con la excesiva dependencia que tenemos del exterior e intentar tener libertad para decidir por nosotros mismos».
SOLIDARIDAD
En la tarea de recuperar la paz social y mejorar la situación de su país natal ya se ha puesto a trabajar el incansable Desiré. Y asegura que en la zona rural ha encontrado un entorno muy solidario. De hecho, desde su asociación Egueire (www.egueire.org), han iniciado una campaña de emergencia destinada a buscar ayuda para cubrir las necesidades más urgentes de aquellas zonas más deprimidas del país, que cuenta con la colaboración de la oenegé local Terre d?Hospitalité. «Tanto a través de la propia página web como del número de cuenta de la asociación 2091 0313 56 3040006575, todas las personas que lo deseen pueden colaborar con nosotros. Ayuda que será muy bien recibida porque, solo en Abiyán (capital administrativa del país y principal centro comercial y financiero) hay entre 700.000 y 1.000.000 de desplazados que necesitan de ayuda básica urgente».
Mientras tanto, día a día, o cura negro de Mazaricos intenta dar otro tipo de ayuda, más espiritual, a centenares de feligreses, entre Brandomil y Os Vaos.
EN MISA. Desiré se ocupa de cinco parroquias y ha logrado que mucha más gente se acerque a la iglesia | VÍTOR MEJUTO