El aumento de donantes en la UE hasta el nivel de Portugal y España salvaría 20.000 vidas anuales.
23 mar 2010 . Actualizado a las 22:13 h.La Unión Europea asumirá en una próxima Directiva el exitoso modelo de trasplantes español, líder mundial desde hace 18 años y cuyos 34,5 donantes por millón de habitantes casi duplican la media comunitaria de 18,1. La norma de referencia garantizará la calidad y seguridad de los órganos para injertos, y se espera que sea aprobada en primera lectura en tres meses, antes de que concluya la actual presidencia hispana de la UE.
Un paralelo Plan de Acción promoverá la cooperación e igualación asistencial entre países miembros, que permitiría salvar más de 20.000 vidas anuales solo con generalizar las tasas de donación en los niveles de Portugal (30 por millón) y la propia España.
Así lo subrayó la ministra hispana de Sanidad y Política Social, Trinidad Jiménez, tras inaugurar la Conferencia de Madrid sobre Donación y Trasplante de Órganos, que celebró este martes su capítulo específicamente europeo y que reservará el miércoles y el jueves para la Tercera Consulta Global de la OMS (Organización Mundial de la Salud) sobre el mismo tema. Este segundo apartado se centrará en dos metas que en realidad son dos caras de una misma moneda: conseguir la autosuficiencia en la donación y acabar con el tráfico de órganos y el «turismo de trasplantes».
Cultura de la donación
El director de Tecnologías Sanitarias de la OMS, Steffen Groth, señaló que esa «práctica ilegal sigue existiendo por la falta de órganos», lo que exige «recursos para el desarrollo de una cultura de la donación». Esta filosofía es compartida plenamente en el ámbito europeo, apuntaron Jiménez y el director de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), Rafael Matesanz, quienes insistieron en «potenciar la donación como única forma de combatir» el comercio ilegal de órganos, que, por otra parte, es mucho más difícil en lugares como la UE que tienen un «modelo más armonizado y basado en el principio de solidaridad» para los injertos.
Matesanz destacó también los logros internacionales alcanzados desde 2005 en la lucha contra el turismo de trasplantes, con cambios legislativos en países como Pakistán, Filipinas y China y medidas para «coger el toro por los cuernos» en Latinoamérica, donde la ONT ha ayudado a crear un Consejo Iberoamericano de Donación y Trasplantes, formar más de 200 coordinadores y elevar un 20% las donaciones en cinco años. En el caso de España, donde el rigor, eficacia y equidad de los injertos en la sanidad pública convierten el problema en anecdótico, la ministra recordó que la reforma en marcha del Código Penal tipificará como «delito la comercialización y tráfico de órganos», que serían incluso perseguibles en el extranjero «si el receptor conociera la procedencia ilícita del órgano».
Espera mortal
Pero, por llamativo que resulte el turismo de trasplantes, el gran reto europeo es reducir al mínimo la lista de espera para recibir un órgano, que Jo Leinen, presidente de la Comisión de Salud Pública y Medio Ambiente del Parlamento Europeo, cifró en 56.000 pacientes. Lo peor, remarcó, es que cada día mueren 12 personas de esa lista sin haber recibido el injerto que necesitaban para seguir viviendo. Y ni siquiera tasas de donación tan elevadas como la española (tanto menos la búlgara, con 1,1 donantes por millón) son suficientes para impedir ese dramático desenlace.
Como recalcó Matesanz, «es imposible eliminar la lista de espera», porque los beneficiarios potenciales de trasplante crecen de manera exponencial gracias a los avances médicos que permiten injertar órganos a personas de más edad y con enfermedades más complicadas. Pero esto también sirve de acicate para seguir aumentando las tasas de donación. De hecho, el descenso de órganos por la reducción de accidentes de tráfico ha sido compensado con el aprovechamiento de otros de «donantes difíciles». Y el objetivo de «40 por millón sigue siendo posible», añadió, primero porque lo alcanzan ya las comunidades norteñas, y segundo porque las tres autonomías más pobladas (Andalucía, Cataluña y Madrid) superaron en 2009 la media nacional.