Un notario de A Rúa de los siglos XV y XVI se revela como el primer meteorólogo gallego
SOCIEDAD
Francisco Rodríguez dejó anotados los fenómenos atmosféricos de 1598 a 1638
26 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Francisco Rodríguez fue notario hace siglos en Valdeorras. Su nombre nada dice si no fuese porque, accidentalmente, se convirtió en el primer meteorólogo metodológico de Galicia. Llevó al día un cuaderno en el que recogió cuantos fenómenos atmosféricos observó desde 1598 hasta 1638. Dio con sus datos el investigador ourensano Justo Carnicero Méndez Aguirre al revisar una documentación jesuita en Salamanca. «Rodríguez incluyó también en su protocolo la peste que asoló Galicia en 1599, terremotos y un cometa», dice Carnicero, que destaca este trabajo como «una obra singular para las fuentes de la historia de Galicia».
Curiosamente, del siglo XVI en España solo hay otras tres localidades con libros que narran los mismos hechos que cuenta Francisco Rodríguez. Están localizados en Aracena (Huelva), con datos de 1558 a 1611, Teruel (1500-15499) y Sevilla, cuyos datos abarcan de 1592 a 1604.
«Los diarios analizan meticulosamente por fechas, días y horas tormentas, inundaciones, plagas de langosta, nevadas... Son antecedentes de la primera estación meteorológica de España, que se abrió en Oña, Burgos, por los jesuitas», señala Carnicero.
La primera de Galicia se instaló en A Guarda, a finales del XIX, por el padre Merino, jesuita. Justo Carnicero asegura que, al ser expulsados los jesuitas de España, solo se conservan fragmentos de los diarios. Él tiene digitalizado el de Salamanca.
Como curiosidades, señala Carnicero, el notario valdeorrés «escribió en 1602 que llovió 16 días seguidos en junio, o en 1607, el 3 de mayo, que cayó una helada y que el día 12 nevó».
En 1611 apuntó tormentas fuertes en octubre y, dos años después, que llovió sin parar desde el 26 de abril hasta el 22 de junio. El 7 de mayo de 1621, indica Justo Carnicero, dejó apuntada una nevada que impedía el paso por los caminos de Valdeorras. El notario se refirió en 1626 a las inundaciones del Tormes en Salamanca y del Guadalquivir en Sevilla. ¿Cómo lo supo? Carnicero cuenta que había dos formas, una, saberlo por los arrieros, y otra, «por la literatura de desgracias que circulaba, como los Sucesos de la grande y furiosa avenida del Tormes de 1626 ».
En 1605, Francisco Rodríguez anota que en febrero tembló la tierra. Y no faltan las crecidas del Sil, como la de noviembre de 1627, haciendo constar que desde las barandas de la Ponte Cigarrosa se llegaba con los brazos al agua. Este trabajo de Carnicero se recoge en el próximo número del Boletín Auriense.