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«Un verano llegué a tener diez grillos; a todos les puse nombre»

Bea Abelairas
Bea Abelairas REDACCIÓN/LA VOZ.

SOCIEDAD

Cristina Pato rememora sus vacaciones en Armariz, la aldea de su padre, donde sigue estando «todo lo que no puedo tener»

09 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Los veranos de la gaiteira Cristina Pato han cambiado tanto como su vida: de los descansos en la zona rural de Ourense a la gira por Estados Unidos en la que estará inmersa hasta finales de este mes. «Mi aldea paterna, Armariz (Nogueira de Ramuín) es en donde pasábamos los veranos cuando era aún una niña. Mis mejores recuerdos de verano están allí con mi familia y con los que quiero», explica.

A finales de junio, Pato y sus tres hermanas mayores dejaban Ourense y, al tiempo, la rutina de estudiar solfeo a diario. «Ir a la aldea era la libertad total, como no teníamos piano allí no era posible la obligación del ensayo». Cambiaba las notas por los baños en el río o las expediciones al monte para cazar grillos, uno de sus entretenimientos favoritos. «Llegué a tener diez un verano, a todos les puse nombre para jugar con ellos, estaban en unas jaulas, pero al final del verano soltaba a los que sobrevivían». La vida rural supone un paraíso que recupera cada vez que regresa a la casa familiar de Armariz, con una historia que la ha marcado. «La casa es un antiguo salón de baile en el que mi padre, que ya murió, tocaba el acordeón. Es un sitio tan especial para mí que mi boda fue allí, no podía ser en ningún otro lugar».

Cuando era pequeña estaba en esta aldea de Ourense hasta que pasaban las fiestas patronales en honor a San Ramón a finales de agosto. Este año solo ha podido escaparse una tarde y una mañana. «Los veranos son cada vez más estresantes, pero eso es bueno, quiere decir que mi actividad profesional va bien, que las giras son cada vez más intensas, comienzan en abril y no terminan hasta el otoño». En cualquier caso, Pato tiene claro que su paraíso no está perdido. «Aunque no pueda ir, en Armariz sé que está todo lo que no puedo tener: la libertad, el tiempo y los amigos».

Cuando este año rematen su calendario de actuaciones deberá poner rumbo a Estados Unidos, donde pasa el invierno, pero no descarta una escapada para recuperar fuerzas ante la chimenea encendida de sus abuelos. «Si podemos, siempre regresamos, es el lugar que me calma, el contacto con la naturaleza es lo que más me tranquiliza y me aporta esa sensación de que el tiempo no pasa», asegura después de varias horas de ensayo en el auditorio de Massachusetts donde va actuar.