Hace unos días Lucía Etxebarria comunicaba a propios y extraños a través de su página de Facebook su intención de no volver a publicar libros en una temporada muy larga.
El motivo aducido es que se hayan descargado más copias ilegales de su última novela de las que se llevan vendidas en papel, dato que, la verdad sea dicha, no sé de dónde puede haber sacado, y que no está dispuesta a regalar su trabajo.
Pero aunque El contenido del silencio no está disponible en formato electrónico de forma oficial, algo que ella misma dice que no sucederá hasta que alguien no le explique «por qué los libros en formato electrónico valen 18 euros y en papel 20,90», no lleva más que unos segundos encontrarlo para su descarga.
Yo tampoco entiendo, como ya he dicho muchas veces, la actitud de las editoriales frente al libro electrónico, pero a estas alturas ni un autor ni su editorial deciden ya si un libro va a estar disponible en formato electrónico o no.
Si hay suficiente interés, los propios lectores serán los que acaben creando una versión electrónica del libro, como así ha sucedido con este o, por ejemplo, con 1Q84 de Haruki Murakami, solo por citar un par de ejemplos.
Así que siempre será mejor cobrar parte de las ventas de un libro electrónico disponible de forma oficial que quedarse quietos sin atender una demanda que claramente está ahí y que crecerá cada vez más.
Esta es la actitud que algunos escritores como, por ejemplo, Juan Gómez Jurado o Alberto Vázquez Figueroa, por citar un par de casos, ya están tomando, con notable éxito de ventas, y cabe recordar que en algunas librerías electrónicas el porcentaje para el autor es de un 70 % frente al 10 % que dice Etxebarria cobrar en el mejor de los casos en las ventas en papel.
Entiendo que a lo mejor ella no puede hacer tal cosa por el contrato que tenga con su editorial, pero si la semana pasada decía que las editoriales tienen que reinventarse frente al libro electrónico, lo mismo pasa con los escritores.