Fiebre del uranio en Villar de Cañas: llegan 2.000 currículos laborales en una semana
FIRMAS
Como los buscadores de pepitas de oro en la California de mediados del siglo XIX. El mismo efecto ha tenido en Villar de Cañas (Cuenca) la polémica decisión del Consejo de Ministros de situar en este pequeño pueblo el almacén temporal centralizado (ATC) de residuos atómicos o cementerio nuclear. Desde que la portavoz del Ejecutivo, Soraya Sáenz de Santamaría, hizo público este acuerdo la pasada semana, más de 2.000 currículos han llegado al Ayuntamiento de Villar de Cañas con ofrecimientos para trabajar en las obras de construcción del parque industrial en el que se ubicará y en la futura instalación.
Decenas de personas buscan cada día al alcalde de esta pequeña localidad de apenas 450 habitantes, José María Saiz, del PP, para informarse sobre sus posibildades para trabajar en el ATC. «A la puerta de mi trabajo encuentro cada día coches esperándome de gente que ni conozco. No me dejan ni trabajar», afirma Saiz, que sigue pensando que a su pueblo le ha tocado la lotería con los más de 700 millones de euros que se invertirán en este proyecto y los mil puestos de trabajo que va a crear durante su ejecución.
«No todos esos empleos que van a crearse serán especializados porque también se necesitará personal no cualificado como vigilantes o personal de mantenimiento», anuncia el alcalde, palabras que sirven de reclamo para más buscadores de trabajo y nuevas oportunidades.
Hoteles y restaurantes
Igual que la fiebre del oro propició el nacimiento y crecimiento de ciudades, los propios habitantes de Villar de Cañas, hasta ahora dedicados a la agricultura y la ganadería, quieren aprovechar la «revolución industrial» que esperan viva su pueblo para convertirse en empresarios de servicios.
De hecho, al Ayuntamiento han llegado peticiones de licencia para crear hostales y restaurantes en un pueblo poco acostumbrado a recibir visitas de forasteros.
Pero no todos ven en esta nueva fiebre del uranio el cambio que Villar de Cañas y su deprimida comarca reclaman desde hace décadas. Los sindicatos creen que el anuncio de los mil puestos de trabajo es un peligroso espejismo.
«Quien va a trabajar en esas instalaciones es personal muy cualificado y preparado y seguramente no será gente de la comarca», advierte Pedro Lucas, secretario general de CC.?OO. en Cuenca. De la misma opinión es su homólogo de UGT, German Cuadro, que pronostica creación de empleo «solo a corto plazo para construir el ATC». No piensan lo mismo la patronal y la Cámara de Comercio de Cuenca, que confían en que el cementerio nuclear genere puestos de trabajo estables a lo largo de toda su vida. «Esta oportunidad solo pasa una vez y no hay que dejarla escapar», declara Abraham Sarrión, presidente de los empresarios conquenses, avivando aún más las expectativas.