El estudio de los yacimientos arqueológicos existentes en la zona demuestra que cuando llegaron los romanos el mar estaba medio metro por encima del nivel actual y que un río formaba un estuario
13 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Cuando los primeros romanos llegaron al espacio que ocupa el Vigo actual, a finales del siglo II a.C., se encontraron un litoral costero muy diferente al que vemos en la actualidad, rellenos de ría al margen. Los investigadores actuales aprovechan la aparición de cualquier yacimiento arqueológico para profundizar en la reconstrucción de aquel paisaje.
Antonio Martínez Cortizas, profesor de Edafología de la Facultad de Biología de Santiago de Compostela, ha elegido el Areal para indagar en las variaciones del nivel del mar en época romana. «En aquel momento, el mar podía estar cerca de 50 centímetros por encima del nivel actual, aunque hay otros autores que lo elevan hasta un metro», dice el edafólogo.
Entre el siglo II y el I antes de Cristo, el espacio de casas existentes en la actualidad entre la calle Areal y Rosalía de Castro estaba ocupado por una enorme playa, que los primeros romanos utilizaban como desembarcadero de mercancías.
«La secuencia estratigráfica hallada en Inés Pérez de Ceta indica una evolución desde condiciones litorales, pasando por un medio de tipo intermareal, hacia el desarrollo de una marisma controlada fundamentalmente por procesos continentales», afirma Martínez Cortizas.
De la salina a la tumba
Esta marisma, asociada a un río que descendería desde García Barbón, comienza a consolidarse en el siglo I ya de nuestra era, momento que coincide con un importante descenso del nivel del mar. Es en esta época cuando los romanos, ya asentados en Vigo, comienzan a explotar en este espacio la producción de sal marina. De entonces data la enorme salina que ocupaba desde la calle Isaac Peral hasta Inés Pérez de Ceta, y que pronto se podrá visitar en el museo que construye la Consellería de Cultura bajo el centro de salud de Rosalía de Castro.
En la transición de los siglos II al III, el nivel del mar sigue descendiendo y las tierras procedentes de arrastres de laderas sigue consolidando los suelos. La zona se aleja de la línea de costa y las salinas dejan de ser útiles porque el mar ya no llega hasta ellas, por lo que estos terrenos son empleados como zona de enterramiento, primero con tumbas de incineración, y más tarde, cuando el suelo sigue consolidándose, se pasa a las tumbas de inhumación de cadáveres con ataúdes de tapa.