Cuatro jóvenes que practicaban botellón en la calle Finisterre, situada en el entorno de Joaquín Loriga, fueron denunciados por la policía local al infringir la nueva ordenanza de convivencia ciudadana y ocio, aprobada el 15 de diciembre del pasado año.
Sobre las dos de la madrugada los agentes detectaron la presencia de las cuatro personas, tres de nacionalidad peruana y una, argentina, con edades comprendidas entre 18 y 21 años. La policía levantó acta para la apertura de un expediente sancionador por incumplimiento de la normativa, que en este caso supondrá una falta leve. Será el departamento de Medio Ambiente al que le corresponderá resolverla. Los infractores tendrán que pagar entre 300 y 750 euros, casi nada si se compara con los tres mil euros que pueden llegar a alcanzar las faltas muy graves. El entorno de la calle Joaquín Loriga ha sido el primero en el que se ha aplicado la ordenanza y, por tanto, el pionero en despedir al botellón. El motivo, su situación en medio de una encrucijada de inmuebles y el martirio que ha supuesto para los vecinos desde hace años. La puesta en marcha de la medida coincidió en junio con el fin del curso universitario, lo que sin duda, contribuyó a su éxito.
Ahora, el inicio de las clases en el campus vigués pondrá realmente a prueba su eficacia y obligará a reforzar los controles policiales hasta que los jóvenes se habitúen a descartar este espacio.
Sin embargo, el hecho de que el botellón se prohiba de forma gradual, a medida que surge el problema, puede provocar un fenómento, que de hecho, ya se ha dejado entrever. Se trata de la itinerancia, lo que hace que en la práctica se traslade de una calle a otra en función de su veto y se acabe organizando en lugares en los que hasta ahora no existía.
Una zona del Casco Vello será la siguiente en la que se prohíba el consumo de alcohol en la calle e incluso la reunión de varias personas, aunque beban agua, siempre que perturben la convivencia ciudadana, tal como establece la ordenanza municipal. Si se cumplen las previsiones será a partir del día 25. Las calles más afectadas por este fenómeno en el barrio antiguo vigués son Teófilo Llorente, O Berbés, A Pedra y Real.
Los vecinos temen que tras la entrada en vigor de la normativa, el botellón se extienda a las plazas de la Princesa y Constitución o a cualquier otro lugar del Casco Vello.
Además de las anteriores, el botellón vigués ocupa otros espacios públicos como la praza da Estrela y Montero Ríos, donde se concentra el mayor número de jóvenes, el monte de O Castro, o las inmediaciones de la plaza Elíptica.