La tromba de agua que cayó sobre Vigo entre las cinco y las ocho de la tarde del lunes anegó muchas de las zonas bajas de la ciudad a la vez que provocaba inundaciones y daños en bajos, garajes e incluso una importante crecida del río Lagares. Los problemas mayores se vivieron en lugares como Julián Estévez, donde el agua alcanzó un sorprendente metro de altura, situación que se reprodujo también en la glorieta de la calle Coruña o en Balaídos.
La causa de este anegamiento masivo fue la coincidencia entre un intensísimo aguacero con la pleamar. A juicio de la concejala de Vías y Obras, la socialista Isaura Abelairas, este hecho impide que desagüen los aliviaderos que vierten al mar el exceso de caudal. «El agua que baja por las tuberías de saneamiento a gran velocidad encuentra la salida taponada por la marea alta, lo que provoca que salten las alcantarillas», explicó gráficamente la edil.
Pese a ello, Abelairas cree que la respuesta municipal fue ágil y eficaz. «Existía un comité de crisis, estaban avisados y advertidos bomberos, policías municipales, bomberos y el personal de las obras actualmente en marcha. El resultado es que a las diez de la noche la ciudad había vuelto a la normalidad, algo que antes no pasaba», reflejó la portavoz municipal ante los periodistas.
La clave de este supuesto éxito es la ejecución de obras de humanización en numerosas calles «que incluye la sustitución de las tuberías de saneamiento por otras de mejor calidad y mayor caudal; gracias a ello los daños se han minimizado». Sin embargo, reconoció que queda mucho por hacer y que en algunos casos, como la calle Coruña, «las nuevas tuberías anchas llegan hasta la zona portuaria, donde siguen otras más estrechas, por lo que el beneficio no será tal hasta que se hayan renovado todas», precisó.