«El Concello está llevando a cabo una tala salvaje de árboles que tienen un cuarto de siglo y dan sombra y personalidad a Martínez Garrido y A Doblada. Es una salvajada sin nombre que no entiendo y que voy a denunciar mientras pueda». No habían pasado venticuatro horas desde que la concejala de Vías y Obras justificara la eliminación de los plátanos en las demandas vecinales cuando ha aparecido la primera disidente.
María José Vila Estévez, una profesional de la educación infantil que vive en la zona desde 1984, no salía el viernes de su asombro al regresar a A Doblada. «Contemplé apenada como habían cortado ya un montón de ejemplares y durante el día cayeron otros doce. Produce una gran tristeza».
Su reacción inmediata fue llamar al teléfono de información del Concello, el 010, para dejar constancia de su oposición y empezar una campaña de protesta. Dio a conocer su postura por todos los medios a su alcance y empezó a colocar carteles sobre los tocones donde hasta ahora existían unos plátanos condenados a desaparecer dentro de las obras de humanización de la calle.
«Propaganda política»
Vila no entiende la decisión adoptada por el Concello. «Para mí que se trata de propaganda política. Piensan que retirando los árboles se apreciará más el cambio en la fisonomía de la zona. Por eso también han colocado carteles de Alcaldía, tristemente uno delante de cada árbol cortado».
Visiblemente molesta por la desaparición de estos árboles no renuncia a salvar los que quedan, aproximadamente el 70% del centenar que poblaban ambas orillas de la calle. «Martínez Garrido es una avenida amplia que en la práctica funciona como una circunvalación. Por aquí pasan miles de coches y el pulmón verde que suponen los árboles ayuda mucho. Limitan la contaminación acústica y la polución», asegura.
¿Han pedido los vecinos que se quiten porque las ramas llegan a las ventanas? «No lo sé, pero antes de que los cortaran (delante de su casa ya han desaparecido) uno alcanzaba la cocina de mi casa. Para mí, sin duda alguna, era mucho más agradable tener árboles delante que ver coches».
De la misma manera rebate el argumento de que sus raíces dañan las tuberías subterráneas. «Si las estropean, que las arreglen. Tampoco es Vigo el único sitio donde existen plátanos en lugares públicos. Sin ir más lejos, están en la Gran Vía de Barcelona». En su enfado, María José Vila recurre a la Constitución. «Aquí dice que todos tenemos derecho a disfrutar del medio ambiente, que el deber de los poderes públicos es velar por la utilización racional de los recursos y establece sanciones penales para quienes no lo hagan..», concluye retadora.