Mil y una noches creando una canción infinita

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

VILAGARCÍA DE AROUSA

Martina Miser

K-DJ Tiene en la Duendeneta su centro de gravedad musical, pero ha orbitado para telonear a la mismísima Bonnie Tyler

12 ene 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay canciones que la descubren. La ven, y saben quién es. Entonces, se le enredan en el pelo, y en las manos. Se le meten en la cabeza y la distraen mientras recoge la colada, o cuando hace cuentas. Cuando ocurre, a Cristina López no le queda otra que recoger el tema con cuidado e introducirlo, en el momento justo, en una de sus sesiones como K-DJ. Y es que ser pinchadiscos tiene sus inconvenientes: no te puedes resistir a una buena canción, tienes que encontrarle el lugar adecuado dentro de una historia interminable. La última vez que sufrió uno de esos asaltos musicales fue con Alma Guerrera, un grito contra la violencia machista del grupo Boikot. «Son muchos tipos de música en una misma canción, porque participan muchas artistas con registros diferentes. La música está muy bien y la letra es muy buena».

Pero la historia de Cristina con la música empezó mucho antes de Boikot, cuando era una niña de un pueblo con mar, Vilagarcía. «En mi casa se escuchaba mucha música. Mi padre tenía un montón de discos y creo que siempre quiso tener un hijo músico». Así que cuando la joven Cris empezó a pinchar en un pub, en casa no le pusieron problemas «siempre que siguiese estudiando, como me decía mi madre». En la cabina del local, durante las sesiones de tarde, encadenaba vinilos a puerta cerrada. «Era chica», dice para explicar aquel cerrojo.

Cuando dejó atrás aquella cabina cerrada, la vida empujó a Cristina por otros lares, aunque la música no paró. «Siempre escuché música, siempre fui a conciertos», recuerda. En ese largo y sinuoso camino, se encontró con Carlos Crespo, probablemente una de las personas que más saben de música en Galicia —e incluso más allá de O Padornelo—. Él tuvo la feliz idea de subir ese amor por los buenos temas a una furgoneta y así nació La Duendeneta, un vehículo que lleva años en la carretera, ofreciendo la mejor música en mil escenarios distintos. No iba a pasar mucho tiempo antes de que las ganas de volver a pinchar anidasen en Cris. «La familia de La Duendeneta me acogió, y ahora soy residente», dice con orgullo. Claro que antes tuvo que demostrar de qué pasta está hecha, afrontando sola una sesión de cuatro horas y media que ponía el broche de oro al festival Port América. Casi nada. «Hasta tuve problemas técnicos con el equipo», recuerda. Y, a pesar de todo, guarda aquella prueba de fuego en su caja de momentos especiales. Hay otros, claro. Como la cata a ciegas que organizó la Diputación de Pontevedra, encargándole a ella el maridaje de vino y música. «Eso sí que fue un reto. Se trataba de buscar canciones que encajasen con las características de cada vino... Y la verdad, no supe si la gente me había hecho caso hasta que algunas personas me vinieron a decir que habían percibido los vinos de otra manera». Por supuesto, en esa caja de recuerdos musicales tiene un lugar destacado el concierto de Bonnie Tayler en Santiago: fue K-DJ quien se encargó de calentar el ambiente antes de que la rubia galesa saliese al escenario del Multiusos do Sar. En aquella ocasión, la vilagarciana decidió pinchar, únicamente, canciones con firma de mujer: una sucesión de voces femeninas que dieron forma a un manifiesto musical por la igualdad. «La mayor parte de la gente no se fija en esas cosas, yo sí. Unos días antes había estado en una sala en la que solo habían puesto canciones de hombres. Y decidí que yo iba a hacer una de solo mujeres. Y de rock, soul y blues, ya me dirás... ¡Tenía dónde elegir!».

Aunque lo cierto es que siempre hay dónde elegir: solo hay que querer hacerlo y echarle horas y horas a investigar, a buscar, a indagar. «Hacer una sesión tiene su trabajo», dice Cris, que en sus expediciones musicales ha encontrado hasta «reggaeton que no es machista».

A K-DJ le gustan los retos y se nota: en el festival Revenidas, en Vilaxoán, apostó por temas solo de mujeres, y solo cantados en gallego. Puede que les sorprenda, pero le sobraban las candidatas para la lista. Porque talento, en esta tierra, hay para dar y tomar. Y mujeres con mucho que contar y cantar, también. «Para mucha gente aquella sesión fue una sorpresa. Pero de eso trata. De enseñarle a la gente música nueva, cosas que no conoce y que pueden gustarle», dice Cris. Ella ya va a por su próximo reto, el del 2022: hacer un tema propio.