Atravesando caminos de otoño

RAFA G. GARCÍA

BARBANZA

DESDE FUERA | O |

29 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

EL NOVELISTA checo Franz Kafka se cuestionaba: «¿Es que puedes conocer otra cosa que el engaño? Si se llega a destruir el engaño, no puedes mirar o te conviertes en estatua de sal», resolvía. Se habla de planes de recuperación económica en Muros, Noia, Barbanza y en la mayoría de las comarcas gallegas; todas ellas, a pesar de las argumentaciones falsas con apariencia verdadera tan reiteradas por nuestros gerifaltes, atraviesan caminos de otoño: los acaban de limpiar y ya están otra vez cubiertos de hojas secas. ¿Es necesario que la espada de Damocles penda sobre toda la superficie de nuestra nación? Parece, atendiendo de nuevo a las enseñanzas kafkianas, como si no sólo estuviésemos en pecado por haber comido del árbol del conocimiento, sino también por no haber comido del árbol de la vida. Durante la Revolución Francesa, en los lugares donde la guillotina no trabajaba a tope, se recurría a las noyades, palabra curiosa donde las haya. Este sistema consistía en ahogar a los enemigos del régimen lanzándolos al río Loira, impidiendo a golpe de remo que los arrojados al agua se agarraran a las barcas. Los desempleados de nuestras comarcas se hunden a golpe de remo.