Cualquiera que se dé una vuelta por los concellos de la comarca de Barbanza descubrirá decenas de edificios que están a punto de venirse abajo, sino lo hicieron ya con los últimos temporales de este invierno. Muchos de estos inmuebles están en manos de los distintos ayuntamientos y, aunque se hicieron miles de castillos en el aire para reconvertirlos en modernos museos, bibliotecas, auditorios, casas del mar y demás, lo cierto es que pasan los años y cada vez están más hechos polvo.
Viene todo esto a cuento por las naves de Os Cataláns de A Pobra, que nadie duda de la gran importancia histórica que tienen como germen de la industria salazonera y conservera en Galicia. Pero, pasadas décadas y más décadas, no ha llegado ni un solo euro para reconstruirlas. Con cada vendaval que azota la zona de Os Areos, una nueva remesa de cascotes sale volando y parece que cada vez está más cerca el día que los edificios acaben colapsando y viniéndose abajo.
Está claro que ahora mismo la única imagen que dan es la de unas ruinas que afean el borde litoral de A Pobra y que constituyen un riesgo para las personas que cruzan por la acera que las rodea. Por mucho que cueste aceptarlo, la piqueta parece que es la mejor alternativa para poder regenerar toda la playa y el entorno y convertirlo en un nuevo lugar de disfrute para los vecinos y visitantes.
Ahora solo queda esperar que el Gobierno se porte, y dote de presupuesto esa ambiciosa actuación porque, de lo contrario, volverá a repetirse la misma historia: una nueva promesa que se queda guardado en el cajón de los proyectos olvidados.