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Así era la dote de la novia en el siglo XIX

RAMÓN ROMAR

CARBALLO

Mi Aldea del Alma | «Parece dar a entender que el novio llevaba para su casa un florero». Y nada más lejos de la realidad

20 ene 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

La dote es el patrimonio que la futura esposa o su familia entregan al novio, siendo en muchos casos proporcional al estatus social del futuro esposo. Su significado, según diferentes culturas, bien sería el de contribuir a la manutención de la propia novia o contribuir a las cargas matrimoniales.

He elegido esta definición por ser la que mejor se adapta a la documentación de la que dispongo, toda ella familiar y del siglo XIX. Según esta documentación había dos tipos de dote: aquella en la que los futuros suegros le entregaban al novio un capital (y cuando fallecían estos, se deducía de la herencia), o aquella en la que los padres de la novia se comprometían a pagar una cuota anual en ferrados de trigo (en este caso, supongo que no se deducía).

Ante el notario de Carballo se reunieron en 1863 Domingo Varela Villar, soltero, con sus padres y sus futuros suegros. La novia, Josefa Varela Loureyro, ni siquiera está presente, cumpliendo así el desprecio tan arraigado de la época. No obstante, debía estar «feliz y contenta», ya que sus padres le estaban tramitando un marido, que ya conocía, por ser primos. El documento es una especie de capitulaciones, donde figuran una serie de acuerdos, algunos ya resueltos, como la dispensa eclesiástica para poder casarse siendo familiares. Habían pagado por ella 683 reales, una cantidad muy importante teniendo en cuenta que el salario de un jornalero era de 2 reales. Esta cantidad la pagaron al cincuenta por ciento ambos padres.

En cuanto a la dote acuerdan: «… pacta Juan Varela (el futuro suegro, pues la futura suegra, aunque sí está presente no opina), por vía de dote y anticipación de legítima paterna y materna, se obliga a entregar a su futuro yerno la cantidad de tres mil ciento sesenta reales en dinero o afectos muebles y frutos que le importen a su elección…» «… suplicó el dicho Juan Varela, al que volverá la citada dote de los tres mil quinientos reales (dote y dispensa) si lo que no desean sucediera falleciera la Josefa sin hijos superviviéndole el padre».

Lo no deseado sí sucedió, y Josefa falleció en 1869, sin descendientes. Domingo volvió a casarse con otra Josefa, fueron vecinos de Oza, padres de cinco hijas y bisabuelos de mi mujer. Lo que no se sabe es qué pasó con la dote.

Por otro lado, durante el año 1817, mi trastatarabuelo Juan Francisco López Gómez, vinculeiro do Bao, tuvo un largo litigio con su yerno Agustín Ordóñez, vecino del Coto de Señoráns, quién le reclamaba dos pagos, uno de los cuales era por 20 ferrados de trigo anuales por la dote de su hija, que había dejado de pagarle. Por este documento no sabemos cuánto tiempo duraba esta obligación, pero lo sabemos por la dote de Juana, una nieta de Juan Francisco. En el año 1869, los padres de Juana Durán López otorgaron una escritura en la que se recoge: «…entre otras cosas le ofrecieron en dote por renta foral de doce ferrados de trigo durante los días de los otorgantes, y a su fin y al tiempo de formalizar la partija de sus bienes, cuya renta foral se dividiera proporcionalmente entre sus hijos y hermanos de la Juana …».

Por último, cuando se hace la partija de bienes de mis trastatarabuelos, Antonio de Romar Lema y Francisca Leis Varela, en el año 1850, les descuentan a las hijas lo que le habían «entregado». En el caso de María se lo descuentan a su hijo (ella había fallecido antes que los padres) un total de 214 reales, por 13 partidas, entre ellas cuatro libras de tocino, un lechoncito pequeño o un telar de pino usado.

Entregarle el dinero al novio y decir que era para la manutención de la novia, parece dar a entender que el novio llevaba para su casa un florero, y lo que llevaba era una «reproductora», que paría hijos durante 20 años, que cuando la maternidad se lo permitiera trabajaría en el campo igual que él, y que además sería la responsable del hogar.