Paula Monteagudo, comparsa Malandros: «No recuerdo un solo carnaval en mi vida en que no me haya disfrazado»
A CORUÑA

Malandros, ganadores del concurso de comparsas, cumplen diez años en activo
03 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.En A Coruña hay choqueiros y choqueiros con denominación de origen. A estos últimos los fabrican en Monte Alto, y es el caso de Paula Monteagudo (A Coruña —perdón, Monte Alto—, 1971), miembro de la comparsa Malandros desde su primer año de actividad. Y de eso hace justamente diez años. Han decidido celebrar este aniversario llevándose el primer premio de nuestro entroido en la categoría de música y letra. Rescatamos por un instante de la vorágine carnavalera a esta choqueira de pura cepa para hablar de este éxito, de la comparsa y, por supuesto, del entroido coruñés, que no es un entroido cualquiera.
—¿Es la primera vez en estos diez años que se llevan el primer premio?
—Sí, aunque ya habíamos ganado el tercero el primer año que nos presentamos y un segundo hace tres años. Esto en música y letra, porque en vestuario y coreografía nos llevamos también dos segundos, creo recordar, con nuestros disfraces.
—¿Cómo nació la comparsa Malandros?
—Un grupo que estaba en otra batucada, en los Kilomberos, decidieron montar algo por su cuenta. Parecido, pero no igual, porque somos los únicos en A Coruña que hacemos samba-enredo, mientras que el resto de grupos son más de batucada, candombe, samba-reggae... Pero samba-enredo, en la que predominan más las cajas que los bombos, solo nosotros. Son matices, pero hay diferencias. Y después lo de las letras, los ferretes, ya es aportación coruñesa.
—Y todavía tienen cuerda para rato.
—Es que no hemos parado de crecer. El primer año nos juntamos unos 20 para el carnaval. Y ahora somos más de 50. Exactamente somos 52 en percusiones y a eso hay que sumarle los niños. Tenemos un montón de generaciones metidas en el grupo. Es todo muy familiar. Incluso algunos entraron porque el niño quería probar, y los menores siempre tienen que venir acompañados de un adulto, y al final el niño ya no está y se quedaron al padre, la madre y la hermana mayor [ríe].
—Una comparsa en la que son bienvenidos los niños.
—Participan en los desfiles, en el concurso, y en todas las actuaciones de día. Pero los toques que son de noche los hacemos sin los pequeños. No tiene sentido meterlos hasta las tantas en la vorágine de la calle Barrera.
—¿A usted la pasión carnavalera le viene por ser de Monte Alto?
—Supongo que sí. Es algo de familia, porque mi madre siempre me disfrazaba, ya desde pequeñita. Es más, nací en diciembre y en mi primer carnaval, con menos de dos meses, ya me disfrazaron. No recuerdo, en toda mi vida, ni un solo carnaval en el que no me haya disfrazado al menos un día. Porque por culpa de trabajo no puedes andar todos los días de fiesta, claro.
—¿Era de disfraces elaborados?
—Nunca gasté un duro en disfraces, espíritu choqueiro total, con lo que se encontraba por casa y a pasarlo bien.
—¿Hay mucha diferencia entre vivir el carnaval como espectador que hacerlo desde dentro?
—Es otra dimensión. Es vivirlo de otra manera. Meterte con la gente, desde el respeto, y que no le parezca mal porque es carnaval; la risa, los bailes, el cachondeo, dejarte llevar por el disfraz que llevas... No hay nada igual.
—¿De dónde sacan los disfraces y los ferretes?
—Nos dividimos el trabajo en secciones. Por el mes de septiembre empezamos con todo el follón: unos se encargan del patronaje y el diseño mientras que otros ya están pensando en las canciones, adaptando las músicas y escribiendo las letras. Después nos juntamos todos en nuestro local, que tenemos allí un taller, para hacer los trajes según los patrones, para ir iguales. Bueno, o lo más parecido posible, porque al ser todo artesanal siempre hay uno que va con una cinta más larga que otro y esas cosas. Es mucho curro y arrimamos todos el hombro. Si no sabes coser, te toca pegar con silicona las perlitas que lleva el traje. Aquí no se libra nadie.
«El gobierno que no aguante las críticas y no tenga humor choqueiro, no tiene mi voto»
Los ferretes que coronaron a Malandros como la mejor comparsa del carnaval 2025 versaban sobre temas tan actuales como las obras de San Andrés, aquello de ligar con piñas en Mercadona, la huelga de recogida de basura o la abundancia de pisos turísticos y lo complicado que resulta encontrar dónde vivir en nuestros barrios de toda la vida. Y todo, bien cantado y entonado, claro: «Eso es lo de menos. Ya ves qué voz tengo yo, preciosa para escribir a máquina», bromea Paula Monteagudo.
—Tienen que estar muy al tanto de la actualidad.
—Se trata de encontrar temas locales. Meternos con el Ayuntamiento, sean quienes sean. Al que le toque, le tocó. Si estás ahí, me tienes que aguantar, porque siempre hay algo que criticar. Le puede pasar a los de izquierda, a los de derecha y a los de centro. Da igual. Pero es una crítica que se hace desde el cariño.
—Se les puede cabrear algún político.
—Pues si no les parece bien, si no aguantan las críticas, es que no tienen humor choqueiro, así que ya no tienen mi voto en las siguientes elecciones [ríe].
—¿Cómo se llevan con el resto de comparsas de la ciudad?
—Hay muy buen rollo. Está el concurso, y todos queremos ganar, claro. Pero las comparsas que actuamos en el concurso de música y letra tenemos reuniones con el Ayuntamiento para organizar el carnaval, les proponemos el choqueiro homenajeado en la calle San José y vamos lanzándoles ideas. Pero remamos todos a una. Hasta tenemos una cena de comparsas, que desde hace unos años la hacemos en octubre. En la última organizamos una especie de juegos olímpicos. Y disfrazados, por supuesto, en pleno mes de octubre.