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El parricida de Oza «sabía lo que hacía» y no sufrió delirios, dicen los psiquiatras

m.c. A CORUÑA / LA VOZ

OZA-CESURAS

MARCOS MÍGUEZ

La psiquiatra que le diagnosticó un «trastorno mixto de la personalidad con rasgos paranoides y disociales» recordó al jurado su «indiferencia brutal» ante el relato de los hechos

28 sep 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Marcos Mirás «sabía lo que hacía y tenía capacidad para elegir» cuando el Día de la Madre del 2017 llevó a su hijo de 11 años a un camino de Oza dos Ríos y acabó con su vida para hacerle daño a su exmujer, de la que se había separado nueve años atrás. En la cuarta jornada del juicio por asesinato que se celebra en A Coruña, los psiquiatras señalaron que la tarde del crimen el acusado tenía sus facultades cognoscitivas y volitivas preservadas, no sufrió un brote psicótico, alucinaciones, delirios ni ninguna alteración que le ocasionara una merma de la voluntad. Y tampoco la «amnesia selectiva» que presenta es compatible con ninguna patología mental conocida. Que haya olvidado solo lo sucedido aquella tarde e incurrido en contradicciones sobre lo que dice recordar y lo que no, y que esa amnesia «no estuviera acompañada de angustia o querer saber» al conocer la muerte de su hijo «es sospechoso» y sugiere «capacidad de manipulación del recuerdo», advirtieron los dos psiquiatras que lo exploraron cinco meses después del asesinato.

La psiquiatra que le diagnosticó un «trastorno mixto de la personalidad con rasgos paranoides y disociales» recordó al jurado su «indiferencia brutal» ante el relato de los hechos, la «capacidad para expresar emociones inexistente: no hubo una lágrima, no hubo nada». Una «forma de ser que se desvía», detalló su colega, con tendencia a la desconfianza, muy fría y carente de empatía y de remordimiento, «lo que se conoce como psicópata». Solo la médica del 061 que lo exploró al ser detenido llevó a la Audiencia un gesto de pesar. «Intenté reconstruir el fin de semana con él, pero al llegar a un punto decía que no recordaba. Lo animé a hacer memoria, insistí y se le llenaron los ojos de lágrimas, pero no pasó de ahí».

Eran las siete de la tarde del 8 de mayo, el día siguiente al del asesinato, y esta médica no observó «desconexión de la realidad», alucinaciones o delirios característicos de un brote psicótico, un cuadro clínico, que el acusado sufrió poco después de su separación matrimonial, derivado del abuso de alcohol y que según su abogado podría haberse repetido antes de atacar al niño.

A la espera de que hoy testifique el psiquiatra de la defensa, la hipótesis de que Marcos Mirás sufriera una alteración transitoria ocupó los interrogatorios de ayer, para saber qué ocurrió, descartando lo que no ocurrió. «No hay datos que indiquen un trastorno psicótico delirante», concluyó la forense del Imelga. «Un trastorno delirante no se escapa [en la exploración psiquiátrica]», advirtió la especialista del Sergas. Por lo demás, ni el acusado habló de delirios ni episodios de esta clase, abruptos e imprevistos, son compatibles con un crimen planificado.