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Consuelo trajo las pizzas a A Coruña en 1971: «Nos mandaban la mozzarella en avión desde Madrid porque aquí no existía»

Laura García del Valle
Laura G. del Valle A CORUÑA / LA VOZ

VIVIR A CORUÑA

Consuelo Lorenzo con Fito, que montó su pizzería homónima en el segundo local que tuvo Nuevo Santa Cruz
Consuelo Lorenzo con Fito, que montó su pizzería homónima en el segundo local que tuvo Nuevo Santa Cruz CESAR QUIAN

Este exótico plato italiano que los coruñeses solo habían visto en las películas aterrizó en la ciudad, casi literalmente, de la mano de Nuevo Santa Cruz, un local de Os Mallos que creó escuela

31 mar 2025 . Actualizado a las 07:58 h.

En cierto modo, A Coruña entró en la era moderna con la llegada de la refinería. Hace seis décadas que Petroliber —hoy Repsol— se convirtió en uno de los principales motores de la ciudad, alterando la vida y costumbres de los herculinos. Solo unos años después de que el sector del crudo se asentase en la urbe, los coruñeses volvían a darse de bruces con el futuro. Era 1971 y Casimiro Becerra y Consuelo Lorenzo regresaban a Galicia desde Brasil con sus maletas cargadas de sueños y una idea de negocio innovadora y arriesgada: abrirían en Os Mallos la primera pizzería de la ciudad

En aquel momento, era casi imposible encontrar un vecino que conociese este plato. Mucho más un paladar que lo hubiera probado. A sus 83 años Consuelo recuerda que precisamente fueron los empleados los de la refinería quienes apostaron por Nuevo Santa Cruz, su restaurante de la calle Asturias que se convirtió en un emblema de lo exótico y que estuvo abierto hasta que en 1997 se mudó a la Avenida de los Mallos. Ahí permaneció hasta su cierre definitivo, en el 2014. Ahora que en A Coruña florecen más pizzerías que bares de tapas, y con el revival inminente de la Tavernetta, la nonna de la pizza local echa la vista atrás y cuenta cómo fue hacerse un hueco en la gastronomía local con unos manjares extravagantes en un contexto en el que comer fuera era un auténtico lujo.

«Parece mentira lo que conseguimos hacer», sintetiza Consuelo por teléfono justo antes de comentar que cuando ella y su marido decidieron volver a casa ella tenía el sueño de seguir trabajando aquí como peluquera. «Lo que pasa es que Casimiro estuvo mucho tiempo trabajando en Sao Paulo en restaurantes italianos y aprendió a hacer pizzas, así que se empeñó en montar en Coruña un negocio similar». La aventura estaba a punto de comenzar en una ciudad en la que era tan complicado encontrar los ingredientes necesarios para hacer una buena pizza que, al principio, se elaboraba con queso del país. «Nadie conocía la mozzarella, así que la gente tampoco sabía que no estábamos haciendo una pizza tradicional, pero luego una mujer nos habló de un contacto de Madrid que sí tenía este producto y nos la empezaron a mandar en avión, teníamos que ir a Alvedro a por ella».

Dispensaban sobre todo las que llevaban jamón y anchoas, y se las comían encantados unos clientes que pensaban que eran «empanadas sin tapar», «eso lo escuché más de una vez», rememora Consuelo. Y para garantizarse la afluencia de público, en el menú trufaban este plato con otros más tradicionales como la carne asada o los callos, que también arrasaban. 

Con el paso de los años, en A Coruña fueron naciendo otras pizzerías que se convirtieron en grandes clásicos. Ahí están Donato, Fratelli, Il Giardino y Cambalache, siendo este último, ya convertido en cadena, el único que ha resistido el paso del tiempo. El éxito de este plato fue tal —en parte empujado por películas americanas como E.T., que no hacían más que generar en los niños la necesidad de probar esta delicia— que en Nuevo Santa Cruz, cuando vieron que Telepizza iba a instalarse en la ciudad se adelantaron a llevar pizza a domicilio. «Nos costó mucho trabajo, pero mereció la pena». 

Consuelo lleva años retirada del mundo de la hostelería, aunque visita a Fito con frecuencia, el propietario de la pizzería que vio la luz cuando cerraron su último local. Sigue siendo una fanática del plato que le dio tantas alegrías, y que toma todos los domingos. Honesta, revela: «Mi favorita es la tropical, sí que se puede poner piña a la pizza».